martes, 28 de junio de 2016

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Bautistas y Presbiterianos: Más de lo que nos divide nos une

El hermano Guillermo Green ha escrito una excelente reflexión en su blog motivado, según expresa allí, por roces que han surgido entre algunos presbiterianos y bautistas reformados sobre el tema del bautismo.

El deseo es ofrecer una exhortación desde el punto de vista Bautista Reformado a lo que considero roces innecesarios en muchas ocasiones pecaminosos, divisivos,  y como bien lo pone el pastor Green, en la gran mayoría de las veces de creyentes inmaduros en la fe que se afanan en ver las distinciones antes que las doctrinas que nos unen como hermanos en la fe.

Con ese fin deseo describir brevemente la historia Bautista con el fin de mostrar y dejar claro que nuestros padres, tanto presbiterianos como bautistas, siempre creyeron en la unidad del cuerpo universal de Cristo, entendiendo a la vez las diferencias doctrinales que existían entre ellos y que de alguna manera los separaban formalmente en iglesias específicas.

Breve historia Bautista

Los Bautistas en Inglaterra surgieron del movimiento puritano separatista de Inglaterra del siglo XVII. H. Leon McBeth, un historiador bautista concluyó en su libro, “The Baptist Heritage: Four Centuries of Baptist Witness,” lo siguiente,

"la evidencia muestra que los Bautistas se originaron del Separatismo Inglés, ciertamente parte de la Reforma Protestante.”

Esta teoría del origen de los Bautistas, contrario a lo que afirma la teoría secesionista y la teoría de la hermandad anabautista, prueba que los Bautistas son Protestantes en todo el sentido de la palabra. Su origen, su pensamiento, su teología, surgieron de ese ambiente teológico de intensa reforma que sacudió Europa y especialmente Inglaterra, y que moldeó el pensamiento de grupos como los Puritanos y los Separatistas.

Algunos de estos separatistas, como veremos, adoptaron el bautismo de creyentes por inmersión; práctica que les dio el apodo de ‘bautistas.’ Entre estos surgieron dos grupos distintos uno del otro, y sin contacto el uno del otro, que compartían muchas cosas en el aspecto doctrinal, pero que diferían principalmente en la doctrina de la expiación de Cristo y en la organización de la iglesia.

El primero de ellos fueron los Bautistas Generales. Este nombre se debió a que creían en que la muerte de Cristo, su expiación, era general. Es decir, creían que Cristo había muerto por todos los hombres y que lo único que logró en Su muerte fue abrir la posibilidad de salvación para los hombres.

Sin embargo, en esos años iniciales practicaban el bautismo de creyentes por rociamiento o poniendo paños mojados sobre la cara del creyente.

Este grupo surgió de su contacto con grupos holandeses. Hombres como John Smyth y Thomas Helwys, fueron los líderes con mayor influencia entre ellos. Su teología fue menos influenciada por Juan Calvino y mucho más por Jacobo Arminio, un teólogo holandés que rechazó las doctrinas calvinistas de la Reforma Protestante.

La iglesia más antigua entre este grupo se formó en 1609.

El segundo grupo fue el de los Bautistas Particulares, los antepasados de los que se denominan hoy en día “Bautistas Reformados.” Su nombre se debía a que creían en la expiación particular. Es decir, creían que Cristo había muerto, como dice la Escritura, por los pecados de Su pueblo, los elegidos, y por lo tanto, Su muerte había sido eficaz para salvar a todos aquellos por los que se sacrificó.

Su teología, como lo dejan claro sus confesiones, era ampliamente calvinista y se convirtieron en el mayor de los dos grupos. Su primera iglesia fue formada en 1633, y a diferencia de los generales, se originaron del movimiento separatista inglés y adoptaron, como veremos, el credobautismo por inmersión.

Los Bautistas particulares se originaron, como dije, “del torbellino de la Reforma del siglo dieciséis.”  Los postulados de sola Scriptura, sola gratia, sola fide, solus Christus y soli Deo gloria, que surgieron de los años de reflexión teológica de reformadores como Lutero, Calvino, Zwinglio, influenciaron ampliamente a los grupos que dieron origen a los Bautistas.

Como dice Bebbington, los Bautistas fueron “herederos de la Reforma, del Puritanismo, y Separatismo. Ellos adoptaron los mismos principios de lealtad minuciosa a la Palabra de Dios, lo que les llevó al deseo apasionado de adorar a Dios correctamente, y el deseo de reestructurar la iglesia de acuerdo a los preceptos estipulados en las Escrituras. Sus prioridades bíblicas, litúrgicas, y eclesiásticas los llevó de la lealtad a los Puritanos a reformar sus vidas conforme a la Palabra de Dios.

Su deseo de mantener la unidad de los creyentes

Fueron las convicciones a las que habían llegado después de estudiar las Escrituras las que los llevaron a tener diversos enfrentamientos, no sólo con la Iglesia de Inglaterra, sino con muchos presbiterianos y congregacionalistas, quienes falsamente los habían acusado de anabautistas.

Fue con el deseo de dar a conocer sus convicciones bíblicas con el propósito de que sus hermanos presbiterianos y congregacionalistas los abrazaran que formularon la Primera Confesión Bautista de Londres, la cual fue redactada en 1643 pero impresa hasta 1644 (La segunda edición de esta confesión fue impresa en 1646, en la cual se detalla más sobre los requisitos del bautismo por inmersión para poder tomar la Cena del Señor).

En el prefacio de esa confesión dicen, “Una confesión de Fe de siete congregaciones o iglesias de Cristo en Londres, que son comúnmente, pero injustamente, llamadas Anabautistas; publicada para la vindicación de la verdad e información de los ignorantes; así mismo para deshacernos de aquellas aspersiones que son frecuentemente, tanto desde el púlpito como impresos, injustamente echados sobre ellas.”

Tal fue su deseo de ser vindicados y de que los hermanos presbiterianos y congregacionalistas pudieran comprobar su ortodoxia que Benjamín Coxe, uno de los pastores firmantes de esa primera confesión y padre de Nehemías Coxe, el editor de la Segunda Confesión Bautista de Londres de 1677, se paró frente a la entrada de la Abadía de Westminster en 1646 para entregarle a los Teólogos de Westminster una copia de esta confesión con el fin de vindicar a estas primeras siete iglesias Bautistas Particulares.

Daniel Featley, uno de esos presbiterianos que se opusieron a los Bautistas Particulares inicialmente, luego de haber analizado esta primera confesión escribió diciendo, 


"No son herejes, ni cismáticos, sino Cristianos de corazón tierno; sobre quienes, por medio de falsas sugerencias, la mano de la autoridad cayó pesadamente, mientras estuvo la Jerarquía: pues, ellos no enseñan el libre albedrío; ni la pérdida de la salvación con los Arminianos, ni niegan el pecado original con los Pelagianos, ni rechazan al Gobierno con los Jesuitas, ni mantienen pluralidad de esposas con los Poligamos, ni bienes en común como los del Apostolado, ni andar desnudos con los Adanitas, ni mucho menos la mortalidad del alma con los Epicúreos…y con este fin han publicado esta confesión de Fe.”

Fue con ese mismo deseo que publicaron la segunda Confesión Bautista de Londres de 1677, en la carta al lector escribieron lo siguiente,

"Al cortés lector: Son ya muchos años desde que algunos de nosotros (con otros sobrios Cristianos que vivían entonces, y caminando en el camino del Señor, que nosotros profesamos) concebimos estar bajo la necesidad de publicar una Confesión, de nuestra Fe, para la información y satisfacción de aquellos que no entendían a profundidad cuales eran nuestros principios, o que habían tenido prejuicios contra nuestra profesión, por razón de la extraña representación de ellos por algunos hombres que habían tomado medidas equivocadas, y así llevaron a otros a que nos malentendieran a nosotros y a ellos. Y esto fue primeramente presentado cerca del año 1643, en el nombre de siete congregaciones entonces reunidas en Londres; desde entonces diversas impresiones han sido difundidas ampliamente, y nuestro fin propuesto en buena medida respondido, entre la medida que muchos (y algunos de esos eminentes hombres tanto por piedad y conocimiento) fueron así satisfechos que nosotros no éramos en ninguna manera culpables de esas heterodoxias y errores fundamentales que tan frecuentemente nos han sido imputadas sin pruebas ni por ocasión dada por nuestra parte.”

Y más adelante confirman que su deseo de mantener la unidad con sus hermanos presbiterianos fue lo que los motivó a editar esta segunda confesión.

Y puesto que como esa Confesión no es ahora comúnmente obtenida, y también porque muchos otros han desde entonces abrazado la misma verdad que ahí es poseída, juzgamos necesario unirnos juntos en dar testimonio al mundo de nuestra firme adherencia a aquellos sanos principios por la publicación de esto que está ahora en su mano. Y puesto que nuestro método y manera de expresar nuestros sentimientos en esto puede variar del primero (sin embargo que la sustancia de este tema es el mismo), libremente le impartiremos la razón y ocasión de esto. Una cosa que prevaleció grandemente con nosotros para emprender este trabajo fue (no sólo dar una explicación completa de nosotros a aquellos Cristianos que difieren de nosotros acerca del tema del Bautismo, sino también)el provecho que podría surgir de esto para aquellos que tienen cuenta de nuestras labores en su instrucción y establecimiento en las grandes verdades del Evangelio, en el claro entendimiento y firme creencia de nuestro confortable caminar con Dios, y el gran fruto delante de Él en todos nuestros caminos, es lo que concierne más cercanamente; y por lo tanto concluimos necesario expresarnos a nosotros mismos más completamente y distintamente; y también para fijar en tal método como podría ser más comprensible de aquellas cosas que diseñamos para explicar nuestro sentido y creencia de eso; y no encontrando ningún defecto al respecto en aquel fijado por la Asamblea, y, después de ellos por aquellos del camino congregacional, concluimos prontamente que era mejor retener el mismo orden en nuestra presente Confesión; y también cuando hemos observado lo que aquellos últimos hicieron en sus confesiones (por razones que parecieron de peso tanto para ellos como para otros) escogimos no sólo expresar nuestra mente en palabras concurrentes con los primeros en sentido concerniendo a todos aquellos artículos en los que estaban de acuerdo, sino también en la mayor parte sin ninguna variación de términos, nosotros en la misma manera concluimos mejor seguir su ejemplo en hacer uso de las mismas palabras con ellos tanto en estos artículos (los cuales son muchos) en donde nuestra fe y doctrina son las mismas con las de ellos; y esto lo hicimos más abundantemente para manifestar nuestro consentimiento con ambos en todos los artículos fundamentales de la religión Cristiana, así también con muchos otros cuyas Confesiones ortodoxas han sido publicadas al mundo en nombre de los Protestantes en diversas naciones y ciudades. Y también para convencer a todos que nosotros no tenemos ningún anhelo de obstruir la religión con nuevas palabras, sino que consentimos en esa forma de sanas palabras que han sido, en consentimiento con las Santas Escrituras, usadas por otros antes que nosotros; declarando así, delante de Dios, ángeles, y hombres, nuestro sustancioso acuerdo con ellos en esa entera doctrina Protestante la cual, con tan clara evidencia de las Escrituras, ellos han afirmado. Algunas cosas, de hecho, están en algunos lugares añadidas, algunos términos omitidos, y algunos pocos cambiados; pero estas alteraciones son de aquella naturaleza como la que sin duda no necesitamos ser acusados o sospechados de irracionales en la fe de ninguno de nuestros hermanos a cuenta de ellos.”

El apelativo “Bautista Reformado”

Entonces, si ese fue lo que motivó a nuestros antepasados en la fe, tanto presbiterianos como Bautistas, no debería servirnos de ejemplo a todos nosotros en la actualidad? Por supuesto que sí. Sin embargo, creo que muchos de esos roces surgen por cosas sin importancia como un nombre. A algunos les resulta inconcebible que alguien que no se adhiera a la Confesión de Westminster se pueda llamar “reformado.” A muchos les gustaría que nosotros removiéramos ese apelativo.

Sin embargo, aquí hay otra historia para nuestra instrucción.

Ese nombre “Bautista Reformado” no fue adoptado por los Bautistas que se adherían a la segunda Confesión Bautista de Londres de 1689. Ese nombre le fue dado a un grupo de Bautistas confesionales que estaban estudiando en el Seminario Teológico de Westminster en la década de los 1950’s y 60’s en Estados Unidos.

Fueron los presbiterianos de ese Seminario los que, queriendo abrazar a sus hermanos bautistas, les pusieron ese apelativo con el fin de enfatizar su unidad con ellos más que sus diferencias. Este es el testimonio de hombres como Walter Chantry y Reisinger, quienes estudiaron allí durante esos años.

Como Bautistas confesionales creemos que ese nombre nos distingue en medio de la locura doctrinal en la que se encuentra gran parte del Protestantismo de nuestros tiempos y son algunos los que quisieran vernos separados de los presbiterianos antes que formando junto a ellos un frente doctrinal sólido en contra de tanta falsedad.

El llamado, entonces, desde el lado Bautista Reformado, es a mantener la unidad. Mostremos amor por los hermanos, tanto bautistas como a los presbiterianos, y no seamos tan inmaduros como los discípulos del Señor cuando viendo que un hombre estaba haciendo la obra del Señor querían que el Señor lo amonestara porque no era uno de ellos.

Ciertamente hay cosas que nos diferencian y que hacen de nuestras iglesias entes distintos. Tanto los presbiterianos como nosotros los Bautistas Reformados estamos convencidos de que nuestra Teología Federal, nuestra Eclesiología, y nuestra doctrina del Bautismo y la Cena del Señor, son bíblicas. De lo contrario no seríamos ni Bautistas ni presbiterianos.

Son esas convicciones bíblicas las que nos hacen ser lo que somos, pero son esas mismas convicciones bíblicas las que nos deben llevar a madurar y a entender que hay cosas en las que esas diferencias no deben interponerse: en el amor que nos debemos los unos a los oros frente a un mundo que desea vernos divididos; y en nuestra lucha por llevarle el evangelio a un mundo pecador.

Que la historia de nuestros antepasados sea una motivación para madurar en la fe y dejar que nuestras diferencias sea lo que queramos enfatizar antes que nuestras similitudes doctrinales.
Fuente: sujetosalaroca.org



Soli Deo Gloria