sábado, 2 de julio de 2016

Razones para la adoración familiar


Pero yo y mi casa, serviremos al SEÑOR — Josué 24:15
Muera yo la muerte de los rectos, y sea mi fin como el suyo — Números 23:10

Hemos dicho, hermanos míos, en una ocasión anterior, que si queremos morir Su muerte, debemos vivir Su vida. Es cierto que hay casos en los que el Señor muestra Su misericordia y Su gloria a los hombres que ya se encuentran en el lecho de muerte, y les dice como al ladrón en la cruz: “Hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:43). El Señor sigue dándole a la iglesia ejemplos similares de vez en cuando. Y lo hace con el propósito de exhibir su poder soberano por el cual, cuando le agrada hacerlo así, puede quebrantar el más duro de los corazones y convertir a las almas más apartadas de Dios para mostrar que todo depende de Su gracia y que tiene misericordia de quien tiene misericordia. Con todo, estas no son sino raras excepciones de las que no pueden depender en absoluto; y, mis queridos oyentes, si desean morir la muerte del cristiano, deben vivir la vida del cristiano. Sus corazones deben estar verdaderamente convertidos al Señor; verdaderamente preparados para el reino; y confiar solo en la misericordia de Cristo deseando ir a morar con Él. Ahora, amigos míos, existen varios medios por los cuales pueden prepararse en vida para obtener, un día futuro, un bendito final. Y es en uno de estos medios más eficaces en el que queremos reflexionar ahora. Este medio es la Adoración Familiar; es decir, la edificación diaria que los miembros de una familia cristiana pueden disfrutar mutuamente. “Pero yo y mi casa —le dijo Josué a Israel— serviremos al Señor” (Jos. 24:15). Deseamos, hermanos, darles los motivos que deberían inducirnos a resolver lo mismo que Josué y las directrices necesarias para cumplirlo.

¿POR QUÉ LA ADORACIÓN FAMILIAR?

1. Para darle gloria a Dios

Sin embargo, hermanos míos, si el amor de Dios está en sus corazones y si sienten que por haber sido comprados por precio, deberían de glorificar a Dios en sus cuerpos y sus espíritus, que son de Él, ¿hay otro lugar aparte de la familia y el hogar en el que prefieren glorificarle? A ustedes les gusta unirse con los hermanos para adorarle públicamente en la iglesia; les agrada derramar su alma delante de Él en el lugar privado de oración. ¿Será que en la presencia de ese ser con el que hay una unión para toda la vida, hecha por Dios, y delante de los hijos es el único lugar donde no se puede pensar en Dios? ¿Será tan solo que no tienen bendiciones que atribuirle? ¿Será tan solo que no tienen que implorar por misericordia y protección? Se sienten libres para hablar de todo cuando están con la familia; sus conversaciones tocan mil asuntos diferentes; ¡pero no cabe lugar en sus lenguas y en sus corazones para una sola palabra sobre Dios! ¿No alzarán la mirada a Él como familia, a Él que es el verdadero Padre de sus familias? ¿No conversará cada uno de ustedes con su esposa y sus hijos sobre ese Ser que un día tal vez sea el único Esposo de su mujer, el único Padre de sus hijos? El evangelio es el que ha formado la sociedad doméstica. No existía antes de él; no existe sin él. Por tanto, parecería que el deber de esa sociedad, llena de gratitud hacia el Dios del evangelio, fuera estar particularmente consagrada a él. A pesar de ello, hermanos míos, ¡cuántas parejas, cuántas familias hay que son cristianas nominales y que incluso sienten algún respeto por la religión, y no nombran nunca a Dios! ¡Cuántos ejemplos hay en los que las almas inmortales que han sido unidas nunca se han preguntado quién las unió y cuáles serán su destino futuro y sus objetivos! ¡Con cuánta frecuencia ocurre que, aunque se esfuerzan por ayudarse el uno al otro en todo lo demás, ni siquiera piensan en echarse una mano en la búsqueda de lo único que es necesario, en conversar, en leer, en orar con respecto a sus intereses eternos! ¡Esposos cristianos! ¿Acaso solo deben estar unidos en la carne y por algún tiempo? ¿No es también en el espíritu y para la eternidad? ¿Son ustedes seres que se han encontrado por accidente, y a quienes otro accidente, la muerte, pronto separará? ¿No desean ser unidos por Dios, en Dios y para Dios? ¡La religión uniría sus almas mediante lazos inmortales! Pero no los rechacen; más bien al contrario, estréchenlos cada día más, adorando juntos bajo el techo doméstico. Los viajantes en el mismo vehículo conversan sobre el lugar al que se dirigen. ¿Y no conversarán ustedes, compañeros de viaje al mundo eterno, sobre ese mundo, del camino que conduce a él, de sus temores y de sus esperanzas? Porque muchos andan —dice San Pablo— como os he dicho muchas veces, y ahora os lo digo aun llorando, que son enemigos de la cruz de Cristo (Fil. 3:18); porque nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también ansiosamente esperamos a un Salvador, el Señor Jesucristo (Fil. 3:20).

2. Para proteger a los hijos del pecado

Si tienen el deber de estar comprometidos con respecto a Dios en sus hogares, y esto para su propio bien, ¿no deberían también estar comprometidos por amor a los que forman su familia, cuyas almas han sido encomendadas a su cuidado, y en especial por sus hijos? Les preocupa en gran extremo la prosperidad de ellos, su felicidad temporal; ¿pero no hace esta preocupación que el descuido de ustedes por su prosperidad eterna y su felicidad sea aún más palpable? Sus hijos son jóvenes árboles que les han sido confiados; el hogar es el vivero donde deberían de crecer y ustedes son los jardineros. ¡Pero oh! ¿Plantarán esos jóvenes árboles tiernos y preciosos en una tierra estéril y arenosa? Y sin embargo es lo que están haciendo, si no hay nada en el hogar que los haga crecer en el conocimiento y el amor de su Dios y Salvador. ¿No están ustedes preparando para ellos una tierra favorable de la que puedan derivar savia y vida? ¿Qué será de sus hijos en medio de todas las tentaciones que los rodearán y los arrastrarán al pecado? ¿Qué les ocurrirá en esos momentos turbulentos en los que es tan necesario fortalecer el alma del joven con el temor de Dios, y, así, proporcionarle a esa frágil barca el lastre necesario para botarla sobre el inmenso océano?

¡Padres! Si sus hijos no se encuentran con un espíritu de piedad en el hogar, si por el contrario el orgullo de ustedes consiste en rodearlos de regalos externos, introduciéndolos en la sociedad mundana, permitiendo todos sus caprichos, dejándoles seguir su propio curso, ¡los verán crecer como personas superficiales, orgullosas, ociosas, desobedientes, insolentes y extravagantes! Ellos los tratarán con desprecio; y cuanto más se preocupen ustedes por ellos, menos pensarán ellos en ustedes. Este caso se ve con mucha frecuencia; pero pregúntense a ustedes mismos si no son responsables de sus malos hábitos y prácticas. Y sus conciencias responderán que sí, que están comiendo ahora el pan de amargura que ustedes mismos han preparado. ¡Ojalá que la conciencia les haga entender lo grande que ha sido su pecado contra Dios al descuidar los medios que estaban en su poder para influir en los corazones de sus hijos; y ojalá que otros queden advertidos por la desgracia de ustedes! No hay nada más eficaz que el ejemplo de la piedad doméstica. La adoración pública es a menudo demasiado vaga y general para los niños, y no les interesa suficientemente. En cuanto a la adoración en secreto, todavía no la entienden. Si una lección que se aprende de memoria no va acompañada por nada más, puede llevarlos a considerar la religión como un estudio, como los de lenguas extranjeras o historia. Aquí como en cualquier otra parte, e incluso más que en otro lugar, el ejemplo es más eficaz que el precepto. No se les debe enseñar que deben de amar a Dios a partir de un mero libro elemental, sino que deben demostrarle amor por Dios. Si observan que no se brinda adoración alguna a ese Dios de quien ellos oyen hablar, la mejor instrucción resultará ser inútil. Sin embargo, por medio de la Adoración Familiar, estas jóvenes plantas crecerán como árbol firmemente plantado junto a corrientes de agua, que da su fruto a su tiempo y su hoja no se marchita (Sal 1:3). Los hijos pueden abandonar el techo parental, pero recordarán en tierras extrañas las oraciones que se elevaban en el hogar, y esas plegarias los protegerán. Si alguna… tiene hijos o nietos, que aprendan éstos primero a mostrar piedad para con su propia familia (1 Ti. 5:4).

3. Para producir verdadero gozo en el hogar

¡Y qué delicia, qué paz, qué felicidad verdadera hallará una familia cristiana al erigir un altar familiar en medio de ellos, y al unirse para ofrecer sacrificio al Señor! Tal es la ocupación de los ángeles en el cielo; ¡y benditos los que anticipan estos gozos puros e inmortales! Mirad cuán bueno y cuán agradable es que los hermanos habiten juntos en armonía. Es como el óleo precioso sobre la cabeza, el cual desciende sobre la barba, la barba de Aarón, que desciende hasta el borde de sus vestiduras. Es como el rocío de Hermón, porque allí mandó el Señor la bendición, la vida para siempre (Sal. 133). ¡Oh qué nueva gracia y vida le proporciona la piedad a una familia! En una casa donde se olvida a Dios, hay falta de educación, mal humor, e irritación de espíritu. Sin el conocimiento y el amor de Dios, una familia no es más que una colección de individuos que pueden sentir más o menos afecto natural unos por otros; pero falta el verdadero vínculo, el amor de Dios nuestro Padre en Jesucristo nuestro Señor. Los poetas están llenos de hermosas descripciones de la vida doméstica; ¡pero, desafortunadamente, qué distintas suelen ser las imágenes de la realidad! A veces existe falta de confianza en la providencia de Dios; otras veces hay amor a la riqueza; otras, una diferencia de carácter; otras, una oposición de principios. ¡Cuántas aflicciones, cuantas preocupaciones hay en el seno de las familias!

La piedad doméstica impedirá todos estos males; proporcionará una confianza perfecta en ese Dios que da alimento a las aves del cielo; proveerá amor verdadero hacia aquellos con quienes tenemos que vivir: no será un amor exigente y susceptible, sino un amor misericordioso que excusa y perdona, como el de Dios mismo; no un amor orgulloso, sino humilde, acompañado por un sentido de las propias faltas y debilidades; no un amor ficticio, sino un amor inmutable tan eterno como la caridad. Voz de júbilo y de salvación hay en las tiendas de los justos (Sal. 118:15).

4. Para consolar durante momentos de prueba

Cuando llegue la hora de la prueba, esa hora que tarde o temprano debe llegar y que, en ocasiones, visita el hogar de los hombres más de una vez, ¡qué consuelo proporcionará la piedad! ¿Dónde tienen lugar las pruebas si no en el seno de las familias? ¿Dónde debería administrarse, pues, el remedio para las pruebas si no en el seno de las familias? ¡Cuánta lástima debe dar una familia donde hay lamento, si no hay esa consolación! Los diversos miembros de los que se compone incrementan los unos la tristeza de los otros. Sin embargo, cuando ocurre lo contrario y la familia ama a Dios, si tiene la costumbre de reunirse para invocar el santo nombre de Dios de quien viene toda prueba y también toda buena dádiva, ¡cómo se levantarán las almas desanimadas! Los miembros de la familia que siguen quedando alrededor de la mesa sobre la que está el Libro de Dios, ese libro donde encuentran las palabras de resurrección, vida e inmortalidad, donde hallan promesas seguras de la felicidad del ser que ya no está en medio de ellos, así como la justificación de sus propias esperanzas.

Al Señor le complace enviarle al Consolador; el Espíritu de gloria y de Dios viene sobre ellos; se derrama un bálsamo inefable sobre sus heridas y se les da mucho consuelo; se transmite la paz de un corazón a otro. Disfrutan momentos de felicidad celestial: Aunque pase por el valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estás conmigo; tu vara y tu cayado me infunden aliento (Sal. 23:4). Oh Señor, has sacado mi alma del Seol…Porque su ira es sólo por un momento, pero su favor es por toda una vida; el llanto puede durar toda la noche, pero a la mañana vendrá el grito de alegría (Sal. 30:3, 5).

5. Para influir en la sociedad

¿Y quién puede decir, hermanos míos, la influencia que la piedad doméstica podría ejercer sobre la sociedad misma? ¡Qué estímulos tendrían todos los hombres al cumplir con su deber, desde el hombre de estado hasta el más pobre de los mecánicos! ¡Cómo se acostumbrarían todos a actuar con respeto, no solo a las opiniones de los hombres, sino también al juicio de Dios! ¡Cómo aprendería cada uno de ellos a estar satisfecho con la posición en la que ha sido colocado! Se adoptarían buenos hábitos; la voz poderosa de la conciencia se reforzaría: la prudencia, el decoro, el talento, las virtudes sociales se desarrollarían con renovado vigor. Esto es lo que podríamos esperar tanto para nosotros mismos como para la sociedad. La piedad tiene promesa de la vida que transcurre ahora y la que está por venir.

1.    H. Merle D’Aubigne (1794–1872): pastor, catedrático de historia de la iglesia, presidente y catedrático de teología histórica en la Escuela de teología de Ginebra; autor de varias obras sobre la historia de la Reforma, incluido su famosoHistory of the Reformation of the Sixteenth Century y The Reformation in England.
Tomado de Family Worship, disponible como un pequeño folleto de Chapel Library

Soli Deo Gloria



J. C. Ryle: Un Evangélico del siglo diecinueve

Un amigo y su esposa estaban en un largo viaje. Mientras ella manejaba, él sacó un libro de su maletín acerca de líderes cristianos del sigo dieciocho. Lo impresionaron profundamente las cortas y expresivas frases con que había escrito el autor, la convincente lógica y el penetrante conocimiento del poder espiritual que obró por medio de Wesley, Whitefield, y Romaine. Con lágrimas en los ojos cerró el libro, deseoso de experimentar el mismo poder en la iglesia de hoy. El autor del libro era el santo del siglo diecinueve, John Charles Ryle.

Con el tiempo se aclaran las cosas: se discierne lo importante de lo superficial, lo permanente de lo transitorio. Casi todos los libros publicados en 2006 estarán fuera de circulación en diez años. No obstante, muchos autores --como Arthur W. Pink y C. S. Lewis, que fueron relativamente desconocidos en su generación-- han ganado considerable influencia con el correr del tiempo.

Ryle era un pastor anglicano del siglo diecinueve. J.C. Ryle nació en Inglaterra en el año 1816. Sus padres fueron John y Susana Ryle. Al tiempo de su muerte en 1900, era relativamente desconocido más allá de la Iglesia Anglicana en Inglaterra. Pero desde la muerte de Ryle, sus libros poco a poco han ganado popularidad. Al escribir un tributo a Ryle en 2002, J. I. Packer notó que se habían vendido más de 12 millones de los libros de Ryle y que habían sido traducidos a por lo menos doce idiomas; la cifra sigue aumentando. Muchos pastores probablemente han leído las obras más populares de Ryle: Holiness, Five English Reformers, Great Leaders of the Eighteenth Century [Santidad, Cinco reformadores ingleses, o Grandes líderes del siglo dieciocho]. "Cien años más tarde -escribe un biógrafo-- podemos ver que hubo pocos evangélicos de mayor influencia en la era Victoriana que el Obispo Ryle."

Ryle fue contemporáneo con Carlos H. Spurgeon, Dwight L. Moody, George Mueller, y Hudson Taylor. Cuando Ryle tenía 15 años de edad, Charles Darwin se graduó de Cambridge. Su época fue la de Dickens, de la Guerra Civil norteamericana, y del Imperio Británico en que nunca se ponía el sol.

¿Quién fue Ryle, y qué pueden aprender los pastores de la vida de este siervo de Dios?

NIÑEZ Y CONVERSIÓN

Ryle nació en 1816 en Macclesfield, Inglaterra, en una familia muy acaudalada, élite de la sociedad. Su abuelo acumuló una fortuna, que dejó como legado al padre de Ryle. John Charles era el hijo mayor, y creció rodeado de todas las comodidades. Se esperaba que el hijo mayor de una acaudalada familia inglesa buscara su profesión en el Parlamento, y esa era la ambición de Ryle.

Ryle asistió a Eton y después ingresó a la Universidad de Oxford en 1834. Era un excelente alumno que ganó becas y que sobresalía entre sus compañeros de estudio. Se desarrolló un joven alto y buen mozo, ancho de hombros, y sobresalió en remo y críquet. Acerca de su masculinidad, más tarde se escribiría: "Su viril personalidad dominó a dos generaciones de evangélicos, y marcó indeleblemente a una tercera."

A los 21 años de edad padeció de una prolongada infección pulmonar. Durante su forzado aislamiento, comenzó a leer la Biblia, algo que, según admitió, no había hecho en 14 años.

Un domingo durante su convalecencia entró en una iglesia de Oxford en el momento mismo en que se daba lectura a Efesios 2:8: "Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios". Fue compungido se entregó al Señor, y "desde ese instante, hasta la última sílaba registrada de esta vida -señala su biógrafo--, no hubo duda en la mente de John de que la Palabra de Dios es viva y poderosa, y más aguda que una espada de dos filos".

TEMPRANA CARRERA

Después de su graduación, Ryle estuvo en casa de sus padres y se preparó para el Parlamento. Una mañana despertó a la súbita e inesperada noticia de que su padre estaba en ruina. En junio de 1841, el banco de su padre, imposibilitado de pagar sus deudas, se declaró en suspensión. De la noche a la mañana, la familia Ryle perdió su magnífica propiedad y toda su riqueza. Esto afectó a Ryle por el resto de su vida. Más tarde escribió: "Nos levantamos una mañana de verano con el mundo a nuestros pies, como siempre, y en la noche nos acostamos totalmente arruinados. Las inmediatas consecuencias fueron amargas, profundamente dolorosas, y muy humillantes".

Criado en opulencia, Ryle nunca pensó que tendría que ganarse la vida como gente común. Ahora, por primera vez, el joven Ryle necesitaba trabajo. Su educación en Oxford y su conversión apuntaban hacia el ministerio. A los 25 años de edad llegó a ser clérigo en la Iglesia de Inglaterra. Dios usa el mal para bien.

El obispo de Ryle lo mandó a Exbury. Después, a la edad de 27, fue transferido a una iglesia parroquial en Winchester. Unos cuantos meses después, fue transferido a Helmingham, hasta mediados de sus años cuarenta. Helmingham era una parroquia pequeña y tranquila. Allí Ryle pudo dedicar tiempo a la lectura. Providencialmente descubrió los escritos de grandes líderes cristianos de siglos pasados que en gran manera influyeron en su posterior predicación y en sus escritos.

Sus autores predilectos eran hombres del siglo dieciocho, como Wesley y Rowland; hombres puritanos del siglo diecisiete, como Charnock y John Bunyan; y los reformadores del siglo dieciséis: Knox, Cranmer, Calvino, y Lutero. "Sus sermones evangélicos -señala un autor-- basados en un estudio personal de 'santos' reformadores y puritanos, fueron siempre el corazón de su ministerio".6

MATRIMONIO Y FAMILIA

Además de los problemas económicos, Ryle soportó la mala salud de sus dos primeras esposas. A la edad de 29, se casó con Matilda Plumptre. Después de dos años, ella murió, dejándolo con una pequeña hija a quien tuvo que cuidar. Después, murieron su madre, su hermano mayor, y una hermana menor. Se sintió como Job, siendo probado por Dios.

A la edad de 33, se casó con Jessie Walter, una vieja amiga suya, y de nuevo, reinó la felicidad en su cabaña rural. Después de seis meses de matrimonio, Jessie desarrolló una prolongada enfermedad de la que nunca se recuperó. Ryle la cuidó por diez años, a la vez que cuidaba a la creciente familia (Jessie dio a luz cuatro hijos). Además de este estrés, atendía a sus responsabilidades pastorales.

Durante estos años, Ryle comenzó a recibir invitaciones a predicar. Debido a su profundo amor por Jessie, muchas veces viajaba 30 millas en un carruaje abierto en el crudo frío del invierno en vez de pasar la noche lejos de ella. A los 43 años de edad de Ryle, Jessie murió. Por segunda vez enviudó, con cinco hijos a quienes atender.

A la edad de 45, fue transferido a la parroquia de Stradbroke. Allí conoció a Henrietta Clowes y se casó por tercera vez. A diferencia de sus otras esposas, Henrietta gozaba de buena salud. Ese matrimonio fue largo y fructífero. Ella era una buena música, tenía habilidades prácticas, y era una creyente de profunda fe en el Señor.

SUS ESCRITOS

A pesar de sus problemas, siguió esparciéndose la fama de Ryle como predicador y escritor. Su ministerio literario comenzó con tratados y se expandió a libros y comentarios. Escribió su primer folleto acerca de cien aldeanos que perecieron cuando un puente local se derrumbó. Dios dotó a Ryle con la habilidad de escribir claramente, de manera sencilla y lógica. Muchos han tratado de copiar su estilo, pero nadie lo ha dominado.

"A la hora de su muerte --señala Otis Fuller--, el obispo Ryle había escrito 300 mensajes en forma de folleto. La impresión de los mismos sobrepasaría los 12 millones y serían leídos en decenas de idiomas." Con un profundo sentido de responsabilidad para con acreedores de su padre, Ryle usó todas las regalías para cancelar la deuda de éste.

Ryle sobresalía al escribir acerca de la historia de la iglesia. Lo hacía con pasión, como si fuera un testigo. Un admirador dijo que Ryle escribía historia como un "admirador entusiasta" de los hombres cuyo perfil esbozaba. Esto era especialmente cierto cuando describía la vida de mártires o de líderes de grandes avivamientos.

OBISPO DE LIVERPOOL

En 1880, cuando Ryle tenía 64 años de edad, sorpresivamente el primer ministro lo nombró obispo de Liverpool. El nombramiento sorprendió a muchos. Ryle ya no era un jovencito, y el gobierno nombraba a pocos evangélicos para esta posición. Ryle trabajó diligentemente en Liverpool durante 20 años, haciendo mucho bien por causa del evangelio. Al describir su obispado, G. C. B. Davies escribió: "En sus relaciones personales combinó una imponente presencia con la audaz defensa de sus principios en una actitud bondadosa y comprensiva." Después de la muerte de Ryle en 1900, su sucesor lo describió como "ese hombre de granito con el corazón de un niño". Esas palabras resumen perfectamente el carácter y el ministerio de Ryle.

Ryle es conocido por la naturaleza simple y directa de sus escritos y por su ejemplo evangélico sin fluctuaciones en un tiempo en el que se cuestionaba la veracidad y la fiabilidad de las Escrituras. Naturalmente, debemos advertir a los lectores contra el apoyo que él le dio al bautismo infantil y sus ideas sobre el gobierno de la iglesia, así como su relación con el estado. Sin embargo, aunque estas cosas salen a la superficie, no reciben una atención desmesurada. Por esa razón Ryle fue y es un personaje querido y aceptado por aquellos que aman la fe reformada y evangélica como la predicó Whitefield.

LECCIONES DE LA VIDA DE RYLE

El pastor de hoy puede aprender mucho de la vida de Ryle. Primero, la vida de Ryle recuerda a los pastores que deben atender a los deberes de la familia. Aunque tuvo una afectuosa e íntima relación con sus tres hijos, cada uno con el tiempo abandonó la fe de su padre. En su ancianidad, esta fu sue fuente de mayor tristeza.

Segundo, la vida de Ryle recuerda a los creyentes que a veces es necesario nadar contracorriente. Ryle era un apasionado evangélico en una época en que la teología evangélica no era popular en la iglesia anglicana. Durante su vida, Ryle contendió con el Movimiento Oxford de John Henry Newman, y la creciente infiltración en Alemania de la teología liberal. Lo hizo con inalterable lealtad a los principios básicos de las Escrituras: justificación únicamente por la fe, expiación vicaria, la doctrina de la Trinidad, y la importancia de la predicación.

Tercero, Ryle dio ejemplo a sus muchos oponentes de la mansedumbre de Cristo. Asoció sus fuertes convicciones teológicas con amor y respeto a sus adversarios. Adoptó como lema este antiguo dicho puritano: "En lo esencial, unidad; en lo secundario, libertad; en todas las cosas, caridad". Ryle trató de poner por obra estos principios. Algunos de sus fieros oponentes asistieron a su funeral. A pesar de las diferencias, expresaron cuánto amor habían sentido de parte de Ryle.

Cuarto, Ryle no trató la historia de la iglesia como algo trivial. Más bien, profundizó en ella y aprendió de la obra de Dios en generaciones pasadas. El resultado fue una rica y vibrante fe, precisión doctrinal, tolerancia de los contrarios, y gran expectativa y deseo de experimentar de nuevo el poder espiritual de las generaciones pasadas. Ryle conocía el santo descontento que muchas veces sienten los que estudian la obra de Dios en la historia.

Quinto, los pastores pueden aprender de Ryle a servir aun en edad avanzada. En la agenda de Ryle no había lugar para la jubilación. Sirvió activamente a Dios hasta el fin, y oró para "morir con las botas puestas". Dios escuchó su oración. Sus mejores y más fructíferos años de ministerio fueron después de sus 64 años.

Sexto, la vida de Ryle muestra la importancia de perseverar en medio de las pruebas. Él soportó el colapso financiero de su familia, la muerte de sus tres esposas, y las constantes críticas de sus teólogos adversarios. A pesar de esto, aplicó en su vida las disciplinas del Señor y a través de sus pruebas creció en el "fruto de justicia y paz". En Ryle, se hizo carne el antiguo dicho puritano: "El que sufre conquista".
Soli Deo Gloria

viernes, 1 de julio de 2016

Cesacionismo: La prueba de que los dones carismáticos han cesado

¿Enseña definitivamente la Biblia que los dones carismáticos han cesado? ¿Puede probarse el cesacionismo (el punto de vista de que han acabado)? Algunos dicen que el cesacionismo no se puede probar de manera concluyente a partir de la Escritura.

Sin embargo, nosotros creemos que el cese de los dones de revelación y de las señales en el tiempo de los apóstoles se enseña muy claramente en la Palabra de Dios; de hecho, se enseña tan claramente que el punto de vista opuesto tan sólo ha aparecido en los últimos cien años aproximadamente.

El término cesacionismo proviene de las grandes confesiones de fe del siglo XVII, tales como la Confesión de Westminster o la Confesión Bautista. Ambas usan la misma palabra. Al hablar de cómo Dios reveló Su voluntad y la consignó en las Escrituras, las confesiones dicen: “habiendo ya cesado esas maneras anteriores de Dios por las que revelaba su voluntad a Su pueblo”. Esta palabra, cesar, en realidad no proviene de la Biblia, pero la doctrina sí.

No sólo la revelación se ha completado y ha cesado, sino que también lo han hecho las señales de que todavía se estaba dando la revelación. Aquí presentamos un breve resumen de seis pruebas bíblicas de que los dones de revelación (visiones, palabras de conocimiento, palabras de sabiduría y profecías) han cesado, así como los dones de señales (sanidades y hablar en lenguas).
Dios todavía sana, por supuesto, pero en respuesta a la oración y no a través de las manos de alguien que tenga un don de sanidad.

El controvertido pasaje de 1 Corintios 13:8-10 no se usará en este artículo para probar el final de los dones. Nos referiremos a pasajes que creemos que son concluyentes.

1. No más dones desde los apóstoles

La primera prueba del cesacionismo (el final de los dones de revelación y de señales) es que las sanidades y maravillas sólo podían ser hechas por los apóstoles y eran las señales que autenticaban su apostolado. En 2 Corintios 12:12, Pablo dice: “las señales de apóstol han sido hechas entre vosotros en toda paciencia, por señales, prodigios y milagros”.

En la iglesia en Corinto, había algunas personas que cuestionaban el apostolado de Pablo. En su defensa, él dirige la atención a su don de sanar y de operar otras señales milagrosas, afirmando que sólo los apóstoles podían hacer tales cosas.
Un apóstol era alguien que había acompañado al Señor, que lo había visto tras su resurrección y había sido comisionado personalmente por él. Había recibido el poder de sanar como testigo especial de la resurrección. También era una persona que mostraría “toda verdad” por el Espíritu Santo (Juan 14:26 y 16:13) y que escribiría o respaldaría Escritura inspirada.

Los creyentes necesitarían saber quiénes eran los verdaderos apóstoles para respetar su autoridad única. Ellos debían conocerlos por sus sanidades y otras señales. La gente que no pertenecía al grupo de los apóstoles (que incluía a dos colaboradores citados por nombre) no podía hacer estas cosas. Si ellos hubieran sido capaces de hacerlo, entonces nadie estaría seguro de quiénes eran los verdaderos apóstoles.

En Hechos 2:43 y 5:12 de nuevo se deja bien claro que todos los milagros fueron hechos “por la mano de los apóstoles”. Estos eran en exclusiva sus señales. Asimismo, en Hebreos 2:3-4 los dones de sanidades están firmemente relacionados con los apóstoles.

Pablo era un apóstol en virtud de haber visto al Señor resucitado y haber sido comisionado directamente por él. Su falta de instrucción directa por Cristo fue suplida por recibir revelaciones especiales y únicas. Él afirma que fue “un abortivo” (1 Corintios 15:8), indicando que él era el único apóstol fuera del grupo original y que, por consiguiente, era el último apóstol (las pretensiones modernas a ser apóstol no coinciden con las calificaciones bíblicas, por lo que son inapropiadas y equivocadas).

Cuando la gente dice que el cesacionismo (el cese de los dones de señales) no se puede probar por la Escritura, se olvida de que el libro de Hechos dice específicamente que las sanidades y demás milagros eran exclusivos a los apóstoles, quienes ya han fallecido.

Cuando las iglesias habían crecido y se habían multiplicado, Pedro fue a Lida y después a Jope, realizando la famosa sanidad de Eneas y la resurrección de Dorcas de los muertos. Comunidades enteras estaban asombradas, porque ninguno de los demás creyentes en estos lugares podía hacer tales cosas.

Cuando un joven cayó desde una ventana en Troas, sólo había una persona presente que podía levantarlo de los muertos, y ese era Pablo. La idea carismática de que las sanidades eran hechas por numerosos cristianos simplemente no se encuentra en el Nuevo Testamento. Sólo vemos a los apóstoles que sanaran, junto con dos ayudantes o delegados apostólicos, Esteban y Felipe, y posiblemente Bernabé.

La única vez fuera de este grupo que se realizó una sanidad fue cuando el Señor dijo a Ananías que sanara a Pablo. No hay otra sanidad aparte de estas en la iglesia primitiva. La idea pentecostal/carismática de que los cristianos normales realizaban constantemente sanidades no se enseña en la Biblia. Por tanto, el relato infalible de la Escritura muestra que todo el enfoque carismático acerca de la sanidad es un error que está basado en un mito. El relato bíblico prueba que las sanidades y las obras poderosas estaban restringidas a una clase de personas que ya han fallecido.

2. El propósito temporal de las lenguas

La segunda prueba de que el cesacionismo (los dones de señales han cesado) se puede probar por las Escrituras es relativo al hablar en lenguas. La Biblia afirma que el hablar en lenguas fue dado por Dios específicamente como una señal para los judíos, señalándoles que había llegado la nueva era del Mesías.

En 1 Corintios 14:21-22, Pablo dice:
“En la ley está escrito: En otras lenguas y con otros labios hablaré a este pueblo; y ni aun así me oirán, dice el Señor. Así que, las lenguas son por señal, no a los creyentes, sino a los incrédulos; pero la profecía, no a los incrédulos, sino a los creyentes”.

En otras palabras, el don de lenguas fue una prueba milagrosa dada a los judíos que se resistían a creer en Cristo de que habían llegado una nueva era y un nuevo orden de iglesia. No era una señal para los judíos que habían creído, sino una señal de promesa y una advertencia a aquellos que no creían. No estaba dirigida a los gentiles, sino a los judíos.

Pablo citó Isaías 28:11, un capítulo en el que Isaías profetiza la venida de Cristo. Como señal a los judíos, Isaías dice que se hablará al pueblo judío por aquellos que tienen “lengua de tartamudos” y “extraña lengua”. Las lenguas gentiles los desafiarían, una experiencia sumamente denigrante para el pueblo judío. Al mismo tiempo, era una señal de que la era mesiánica incorporaría a los gentiles a la iglesia y que el Evangelio sería predicado en otras lenguas.

Esta sería la marca de la nueva era cuando Dios arriase la bandera de la iglesia judía y alzase la bandera de la iglesia judío-gentil de Jesucristo. Los judíos incrédulos, que resistieron a Cristo y se aferraban a las faldas de Moisés, verían que la Palabra de Dios les sería predicada en lenguas bárbaras y gentiles.

Todo esto ocurrió por primera vez en el día de Pentecostés. Los judíos fueron debidamente llamados y advertidos, pero las lenguas no se mencionan fuera de los Hechos de los Apóstoles y 1 Corintios 12-14, mostrando que habían cumplido su propósito de advertir a los judíos de que había llegado la nueva era.

Este anuncio de la era de la iglesia se cumplió mientras vivían los apóstoles, y la señal después les fue quitada. Lo que en la actualidad pasa por ser hablar en lenguas no se hace en presencia de judíos incrédulos y no tiene nada que ver con la señal del Nuevo Testamento. La señal de que la era de la iglesia ha venido ya sirvió para su propósito y entonces está sobrepasada por la realidad.

El Evangelio se predica ahora prácticamente en todos las lenguas del mundo y la señal de que esto iba a ocurrir ya se extinguió. El propósito de las lenguas (según la enseñanza de Pablo) se cumplió, probando así su no continuidad.

3. Las lenguas eran idiomas reales

La tercera prueba del cesacionismo se añade a la segunda, y es esta: que en el día de Pentecostés (y por un tiempo posteriormente) se dio un don de lenguas reales, lo cual no ocurrió más desde entonces. Debería ser obvio para nosotros que las lenguas milagrosas en el libro de Hechos y en 1 Corintios no han ocurrido nunca más desde aquellos días.

El hablar en lenguas de los tiempos modernos nunca es un lenguaje humano conocido, sino sólo una manera de hablar sin sentido e inconexa. No ocurre nada milagroso. En los tiempos del Nuevo Testamento, el que hablaba en lenguas había recibido por el Espíritu la capacidad de hablar una lengua real que nunca había aprendido y la gente que había crecido con ellos estaba asombrada.

El pueblo judío tenía que estar presente (puesto que era una señal específicamente para ellos). En el día de Pentecostés, muchos judíos que vivían en las regiones extranjeras oyeron sus propias lenguas y dieron testimonio de que los que hablaban lo hacían genuinamente. Después de Pentecostés, el Espíritu daría el don milagroso de entendimiento a intérpretes, de manera que se probase la autenticidad de la lengua. Nada de esto ha ocurrido desde los tiempos bíblicos.

En la actualidad, aquellos que defienden el hablar en lenguas señalan a 1 Corintios 13:1, donde Pablo, hablando hipotéticamente, dice que aun si hablase una lengua angélica, pero sin amor, no le sería nada para él. Buscando desesperadamente un texto, los maestros carismáticos toman estas palabras de Pablo como justificación de las lenguas extáticas y no lingüísticas, pero está claro para cualquier persona racional que esto es un grave abuso de este versículo.

Al describir lenguas literales, la Biblia efectivamente nos advierte que estos dones han sido quitados. Simplemente no han vuelto a ocurrir en ningún momento de la historia, en ningún lugar del mundo, desde los días iniciales de la iglesia. Lo que ocurre hoy es que algunas personas (que pueden ser cristianos sinceros), en su deseo de hacer lo que sus líderes insisten que es lo correcto, buscan expresarse fuera de las reglas del lenguaje. Sin embargo, ellos no hablan lenguas reales y ni siquiera entienden lo que están diciendo.

El cesacionismo está claramente enseñando en la Escritura, en virtud del hecho de que la misma precisa descripción de las lenguas reales dadas en la Escritura no puede ser aplicada a nada que haya tenido lugar desde entonces.

Desde los tiempos de la Biblia hemos tenido acontecimientos gloriosos de Reforma y poderosos avivamientos, cuando el Espíritu de Dios ha tenido a bien obrar con un poder excepcional. Sin embargo, no tenemos ningún otro registro de alguien que haya hablado una lengua que no haya antes aprendido. Esta es una prueba cierta de que el don de las lenguas bíblicas ha cesado.

4. No más instrucciones para designar profetas

La cuarta prueba del cesacionismo es esta: en el Nuevo Testamento no hay instrucciones acerca de la designación de apóstoles, profetas, sanadores o algo por el estilo. Esto es un asunto de una tremenda importancia, puesto que Dios ha dado un patrón detallado para la iglesia en el Nuevo Testamento. Es cierto que algunos cristianos no creen que la Biblia provea un modelo para la iglesia, pero la mayor parte de la gente que son bautistas y creyentes bíblicos lo hacen.

El apóstol Pablo nos ordena repetidamente que seamos sumamente imitadores de él en nuestra forma de gobierno y conducta eclesial, y las epístolas pastorales presentan cómo deberíamos comportarnos y funcionar en la iglesia de Dios. Se nos da el patrón preciso para la iglesia de todos los tiempos.

Desobedecemos a Dios si hacemos nombramientos en la iglesia que Él no ha prescrito u ordenado.

Tenemos instrucciones que presentan muy cuidadosamente cómo seleccionar a los ancianos docentes y gobernantes y diáconos, pero no instrucciones acerca del nombramiento de apóstoles (porque ellos no habían de ser perpetuados) o sobre cómo reconocer o acreditar a un profeta (porque los dones de revelación se acabaron cuando se completó la Biblia). Ni tampoco hay instrucciones sobre cómo nombrar sanadores.

Esto no es meramente un argumento a partir del silencio, sino una prueba de que estos oficios y funciones no habían de continuar. Las instrucciones para todos los asuntos de la organización de la iglesia están completas, son detalladas y completamente suficientes para la iglesia hasta que Cristo regrese. Desobedecemos el patrón perfecto de Dios si hacemos nombramientos en la iglesia que él no ha prescrito y ordenado. Desobedecemos la Escritura.

¿Cómo puede decirse que no hay una prueba segura de la Escritura de que los dones hayan cesado, cuando el patrón para la iglesia no da instrucciones para la continuación de portavoces inspirados y hacedores de señales? Esto es una prueba conclusiva del cesacionismo –a no ser que no mantengamos la suficiencia de la Escritura y no creamos que Dios ha dado un patrón para su iglesia.

5. La revelación está ahora completa

La quinta prueba del cesacionismo es que la Biblia enseña claramente que la revelación está ahora completa. No puede haber nueva revelación después del tiempo de los apóstoles. Ya hemos notado que en Juan 14:26 y en Juan 16:13 el Señor Jesús dice dos veces a los discípulos que el Espíritu Santo, cuando venga, los guiará a toda Verdad.

Ellos serían los autores de los libros del Nuevo Testamento y los que autentificaban los libros inspirados del Nuevo Testamento que no provenían de sus plumas. Pronto toda la Verdad sería revelada y después de la era apostólica no habría más revelación de la Escritura. La Palabra sería completa.

¡Qué contentos estamos de esto! ¡En qué estado nos encontraríamos si la gente pudiera aparecer aquí, allá y por todas partes (como hacen en el mundo carismático) dándonos nuevas revelaciones! ¿Quién podría saber lo que es correcto y lo que es verdadero? Pero la Escritura es la regla final para todo, al ser completa y perfecta, suficiente y fidedigna.

Judas pudo hablar de la fe que fue “una vez dada a los santos”. Su epístola fue escrita posiblemente veinticinco años antes del libro final de la Biblia, pero era tiempo suficiente para que las doctrinas principales y las instrucciones de la iglesia hubieran sido reveladas. En esta última etapa de la revelación, él habla de la fe una vez dada, o mejor aún, dada una vez y para siempre. Virtualmente, está completa; pronto (desde el punto de vista de Judas) no habría más revelación.

Los versículos finales de la Biblia advierten que nada ha de añadirse o sustraerse de las palabras del libro del Apocalipsis, pero esto se aplica claramente a toda la Biblia y no sólo al último libro. Sabemos esto porque esta advertencia repite aquella que fue dada por Moisés en el primer libro de la Biblia (los cinco primeros fueron originalmente un libro), a saber, Deuteronomio 4:2: “No añadiréis a la palabra que yo os mando, ni disminuiréis de ella, para que guardéis los mandamientos de Jehová vuestro Dios que yo os ordene” (palabras repetidas por Moisés en Deuteronomio 12:32).

Que la revelación está completa también se prueba por el hecho de que los apóstoles y profetas son descritos como el fundamento de la iglesia.

En Efesios 2:20 la iglesia está descrita como siendo edificada “sobre el fundamento de los apóstoles y profetas [es decir, los profetas del Nuevo Testamento], siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo”. El fundamento es algo completo y estable, mientras que el edificio sigue siendo construido.

¿Y qué decir acerca de la profecía de Joel, citada por Pedro en el día de Pentecostés, que decía que cuando el Espíritu fuera derramado, todos los creyentes –hombre, mujer, ancianos y jóvenes– profetizarán? ¿No implica esto que la profecía continuaría literalmente hasta el regreso del Señor? No, porque nuestro entendimiento de esta profecía debe concordar con la irrefutable enseñanza de la Biblia de que la revelación pronto sería completa y que luego cesaría.
Esta revelación completa (especialmente el Evangelio) será el testimonio de los creyentes de todas las épocas, hombre y mujer, a través de todo el mundo, hasta el fin. Los creyentes continuarán a ver visiones y soñar sueños en el sentido de que abrazan, meditan y proclaman las “visiones y sueños” infalibles que se les da en la Biblia. Ellos no “profetizarán” en el sentido de recibir una nueva revelación. Ellos también soñarán los sueños de los planes y conquistas del Evangelio. En este sentido, la profecía de Joel todavía está siendo cumplida.

Las manifestaciones extraordinarias como las lenguas claramente habían desaparecido en el tiempo en el que Pedro escribió sus dos epístolas, puesto que él no da indicación alguna de que estos rasgos distintivos de los tiempos primitivos estén todavía en acción.

Como la revelación se completó en el tiempo de los apóstoles, vemos que la tarea de los apóstoles y profetas ya ha concluido. Y si los dones de la revelación se han acabado, entonces lo mismo ocurre con las señales que autentificaban a los escritores inspirados. Recordamos cómo Pablo dijo “las señales de apóstol han sido hechas entre vosotros en toda paciencia, por señales, prodigios y milagros”.

¿Cómo se puede decir que no hay pruebas bíblicas para el cesacionismo cuando la Escritura dice rotundamente que toda la revelación se ha completado al principio de la era de la iglesia, hablando de ella como un fundamento?

6. La Escritura da testimonio del final de los dones

La sexta prueba del cesacionismo es que la Escritura muestra que los dones estaban en proceso de ser retirados en aquel mismo tiempo. Pablo, por ejemplo, quien poseía el poder apostólico para hacer señales y maravillas y milagros, no pudo, más adelante, sanar a Timoteo, o a Trófimo, o a Epafrodito.

También vemos la retirada de los dones de sanidades en Santiago 5, donde Santiago da instrucciones acerca de orar por los enfermos y de cómo los ancianos debían imponer las manos a los que estaban postrados en cama. Es evidente en este pasaje que ya no está más presente allí nadie que tenga el don de sanidades, sólo ancianos que oran.

Se menciona la unción, pero no se usa la palabra griega friccionar con aceite, más bien como remedio para los que tienen úlceras por estar postrados en cama. Santiago, en realidad, está diciendo: “No seáis tan celestiales que no hagáis uso de los medios terrenales, sino tomad algún alivio físico para la persona que sufre”.
Lo que más importa es la oración. Es evidente que en las instrucciones de Santiago no se da ningún mandamiento a alguien que tenga el don de sanidad de que sane o que dé un toque sanador al enfermo. La imposición de manos de los ancianos ordinarios es un acto simbólico, que comunica el amor, el cuidado y la responsabilidad de la iglesia.

El pasaje de Santiago contiene cuatro exhortaciones a orar, y prosigue su enseñanza de que debiéramos decir “si el Señor quiere, viviremos, y haremos esto, o lo otro”. Podemos y debemos orar por sanidad, pero puede ser la voluntad de Dios que el que sufre dé testimonio de la gracia de Dios en la enfermedad.

El punto principal para nosotros en este artículo es que no hay quien tenga un poder personal para sanar en Santiago 5. La sanidad es de Dios en respuesta a la oración. La actitud continua de la iglesia se ve cuando ora por sanidad, recordando que algunos son llamados a vivir como ejemplo de aflicción y de paciencia” (Santiago 5:10).

El hecho de que Santiago no mencione los dones de sanidad muestra inequívocamente que la posesión del poder de sanación fue retirada bien temprano a lo largo de la era apostólica.

¿Podría un lector neutral dar por sentado que los dones de la Biblia fueron para todas las épocas?

Se ha sugerido a veces que si a un nuevo convertido sin experiencia en la vida de iglesia se le encerrara en una habitación con una Biblia, nunca se le ocurriría que los dones carismáticos han cesado. Lo opuesto es verdad. Hay mucha gente (conocemos a algunos) que provienen de otras religiones y se han convertido a Cristo por la lectura en privado de la Biblia, y posteriormente se han integrado en una iglesia. Solamente a partir de la Biblia ellos no recibieron ninguna expectativa de que fueran a tener un escenario de dones carismáticos. Mucho más a menudo –de manera creciente a medida que el tiempo pasa– los creyentes abandonan las iglesias carismáticas al darse cuenta de que lo que ocurre allí no lo encuentran en la Biblia.

Al leer Hechos cuidadosamente, descubren que tan sólo el grupo apostólico sanó y sienten que han sido engañados por la noción carismático-pentecostal de que lo hacía mucha gente.

Algunos se preguntan sobre cuál fue el significado o propósito original de las lenguas, y cuando conocen por parte de Pablo que ellas fueron dadas específicamente para los judíos, entonces de nuevo se sienten engañados por sus maestros.

También sienten que han recibido una enseñanza falsa cuando se ve de manera evidente que las lenguas eran lenguas reales, lo cual es mucho más sobrenatural que el emitir sonidos incomprensibles.

Entonces, tan pronto como estos creyentes aprecian la importancia del patrón de la Escritura acerca de la iglesia, surge en sus mentes la pregunta: “¿Dónde están las instrucciones bíblicas para designar apóstoles, profetas y sanadores en la actualidad?” Ellos no ven instrucción alguna, y entonces se vuelven todavía más críticos con la enseñanza que han recibido.

Es entonces cuando se plantea la cuestión de la autoridad y suficiencia de la Escritura, y piensan: “¿No está la revelación completa? ¿Cómo, pues, pueden las profecías modernas ser válidas e inspiradas?” Se hace evidente que todas las profecías “autoritativas” que han oído son un gran error y un engaño.

Muchos creyentes razonables ven por sí mismos que, para los carismáticos, la Escritura es de importancia secundaria y está subordinada a la imaginación humana y a las experiencias misteriosas.

Finalmente, cuanto más estos amigos estudian la Palabra, tanto más ven la evidencia de que las señales desaparecieron poco tiempo después de su espectacular aparición inicial.

Todo lo anteriormente dicho no significa que el Señor no mueva a su pueblo a recordar deberes o verdades, o que no los inste a hacer algunas cosas, o que no los advierta de peligros inminentes. Estas cosas son indicaciones divinas, pero no revelaciones o dones.

Hay casos registrados en la historia de la iglesia de gente que tiene una indicación de parte de Dios acerca de una persona o de un acontecimiento peligroso, pero estas cosas nunca son revelaciones de doctrina. Encontramos tales cosas en tiempos de severa persecución. Por ejemplo, antes del tiempo de la perestroika en Rusia, oímos de casos muy verídicos en los que siervos de Dios muy importantes fueron liberados de manera maravillosa de ser detenidos porque Dios le dio la impresión a alguien de que no fueran a un lugar en particular. Después se supo que en aquel lugar había una emboscada de la policía de la KGB que los estaba esperando. Sin embargo, nadie de los que recibieron estas indicaciones había recibido un don regular, y ciertamente no recibieron una revelación autoritativa acerca de una verdad doctrinal. Dios puede hacer todo tipo de cosas para liberar y bendecir a su pueblo, pero esto en ninguna manera significa que los dones apostólicos o proféticos reaparezcan de nuevo en las personas.

El daño de la enseñanza carismática

Muchos carismáticos llegan a ver la enorme diferencia entre la Biblia y lo que les han enseñado. A menudo, estas personas que tienen dudas tienen problemas por el hecho de que un gran número de católicos-romanos, que confían en María, la misa y las obras para salvación, también sean capaces de hablar en lenguas y profetizar. Muchos también dan culto exactamente de la misma manera que los carismáticos protestantes.

Los carismáticos que tienen dudas pueden asimismo oír que hay sectas no cristianas que también hablan en lenguas. No necesitas ser un cristiano salvo para hablar en las lenguas del estilo carismático, porque no es un verdadero don del Espíritu.

Hay muchos cristianos sinceros en el movimiento carismático, pero creemos que el intento de hacer revivir los dones de revelación y de señales es un error muy dañino. Podemos ver el daño en la aparición de amplios sectores del movimiento carismático en los que el Evangelio virtualmente ha desaparecido, sepultado bajo extravagancias antibíblicas.

Hay amplios grupos carismáticos que ahora niegan la sustitución penal de Cristo y algunos incluso niegan la Trinidad. (Uno de los predicadores y escritores carismáticos más famosos del mundo niega la doctrina de la Trinidad).

El estilo de música de entretenimiento del mundo domina en las iglesias carismáticas, incluso música del tipo más extremo y profana. La pantomima teatral de los líderes carismáticos ávidos de dinero se puede contemplar a cualquier hora en canales de televisión religiosos y la herejía del evangelio de la prosperidad se encuentra al parecer por todas partes.

Numerosos charlatanes y pícaros han conseguido muchos seguidores, realizando sus supuestas “sanidades” en grandes lugares de reunión en todo el mundo. Incluso las técnicas de música de variedades y de adivinación se presentan como poderes espirituales en iglesias que antiguamente fueron respetadas.

La poderosa corriente que continuamente impulsa al movimiento carismático cada vez más y más lejos de la Biblia evidencia un error grave y fundamental, a saber, la idea de que los dones de revelación y de señales son para todas las épocas. Experimentarlos comporta un doble error: primero, el de rebajar los dones a algo no milagroso (por ejemplo, al convertir lenguas reales en sonidos no lingüísticos); y segundo, el de rebajar la Escritura, que se ha de inclinar ante experiencias imaginarias de sueños, visiones, “palabras del Señor” y revelaciones similares. También está el daño hecho a los cristianos en particular, cuya fe está desviada en gran manera del Señor y su Palabra a los fenómenos y las sensaciones.

Oramos sinceramente para que Dios libre a aquellos que son sus verdaderos hijos del daño creciente de este salvajemente equivocado alejamiento de la Escritura. Es perfectamente posible probar que el cesacionismo es la verdad bíblica.




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Martín Lutero - Castillo Fuerte

Lo relacionamos con las 95 tesis que en 1517 comenzaron una transformación de dimensiones históricas. Lo relacionamos con la traducción que permitió al pueblo alemán leer la Palabra de Dios en su propio idioma. Lo relacionamos con el monje agustino que enfrentó el poder del papado como ningún otro en Europa. Con lo que no se hace justicia es con el aporte que hizo Martín Lutero al pueblo de Dios con sus himnos. Su música se convirtió en una verdadera fuerza para la reforma. La letra de sus himnos le abrió las puertas a muchas de sus enseñanzas en los corazones de los hombres. Ya no era únicamente el coro; ahora toda la congregación, incluyendo a las mujeres, podía cantar a su Señor. Uno de sus opositores llegó a expresar que los himnos de Lutero mataron más almas que sus sermones.

Martín Lutero nació en Eisleben, en Sajonia, en 1483. A los trece años fue a Eisenach a estudiar, y para poder pagar la escuela llegó a cantar en las calles de Eisenach, para lo cual iba de casa en casa ofreciendo sus canciones. Fue así que Ursula Cotta y su esposo, al ver su amor por la música, le invitan a vivir con ellos durante la duración de sus estudios. Ella le enseñó a tocar el laúd y la flauta, lo cual incrementó su pasión por el canto y la música.

Luego pasó a estudiar leyes, y cierto día que caminaba junto a un compañero de estudios, un rayo fulminó a su amigo. En medio de la tormenta, Lutero prometió a Dios servirle si preservaba su vida. Fue así que unas semanas más tarde intró a un monasterio en Erfurt. Pero en lugar de encontrar la paz con Dios, se veía a sí mismo cada vez más miserable y lejos de Dios. Comenzó a estudiar la Biblia diligentemente, llegando a aprender hebreo y griego para leerla en sus idiomas originales. Pasaron diez años desde que comenzó a leer la Biblia hasta que dio los primeros pasos para reformar la iglesia; sólo después de comprender que Dios justifica al impío solamente por medio de la fe en el Señor Jesucristo.

Lutero se opuso a la venta de indulgencias con que el papado quería obtener recursos para sus proyectos en Roma, llegando al punto de clavar sus 95 tesis en las puertas de la iglesia en Wittenberg. Para él, el papa no tenía ninguna autoridad para perdonar pecados, y por lo tanto no debía involucrarse en la venta de indulgencias. Ahí comenzó la gran batalla. No era una lucha entre Lutero y la iglesia católica, sino entre la Palabra de Dios y la tradición.

Fue llamado a dar cuenta de sus escritos ante las autoridades católicas y el Emperador Carlos V en la dieta de Worms. Asistió valientemente, y como buen cristiano permaneció inconmovible del lado de las Escrituras, sin retractarse de las verdades salvadoras que halló en ellas. Durante su regreso a Wittenberg, el Duque de Sajonia lo “secuestró” hasta su Castillo en Wartburg para ponerle lejos del alcance de sus enemigos. Vivió allí por un año; y siendo que él encontró la paz de Dios en las Escrituras, su deseo ahora era que sus compatriotas pudieran hacer lo mismo leyendo la Biblia en su propia lengua, por lo cual se dedicó a su traducción al alemán. Terminó esa labor con la asistencia de Melanchton en 1522.

Tres años después de la Dieta de Worms, Lutero dejó sus hábitos religiosos, y se casó con Catalina von Bora, una monja que había dejado su convento. Continuó su obra de servicio a Dios escribiendo, predicando y guiando al pueblo de Dios. Lo cual pudo hacer en relativa paz en Wittenberg hasta su muerte en 1546.

Una de las cosas que habían estado fuera del alcance del pueblo desde el siglo VI era el cántico congregacional. Para Lutero cada creyente era un sacerdote con pleno acceso a la presencia de Dios, y capaz por ende de ofrecer cánticos y oraciones directamente a su Señor. Procuró poner algunos salmos en un lenguaje que fuera de fácil comprensión para los creyentes cantar. Era una forma de mantener viva la Palabra en el corazón de los hermanos. Lutero llegó a expresar: “El diablo aborrece la música porque no puede soportar la alegría. Satanás puede sonreír, pero no puede reír; puede mostrar una risa de desprecio, pero no puede cantar.”

“A Lutero pertenece el extraordinario mérito de haber dado la Biblia al pueblo alemán en su propio idioma (una obra maestra de traducción), el catecismo y el himnario, de modo que Dios pudiera hablarles directamente en su Palabra, y ellos pudieran responderle directamente con sus canciones” (Philip Schaff).

Su himno mejor conocido es Castillo Fuerte, una paráfrasis del Salmo 46, llamado “la Marsellesa de la Reforma”.

¿Cuánto fue escrito? “Probablemente Martín Lutero lo escribió para el tiempo cuando los líderes evangélicos estaban entregando su protesta contra el ataque hacia sus libertades en la Dieta de Speyer. E incidentalmente, el significado de la palabra protestante se derivó sin dudas de ese encuentro en el que estos líderes entregaron su protesta” (William & Ardythe Petersen, The Complete Book of Hymns, p. 370). Querían mantenerse inconmovibles de la postura de servir a Dios conforme a su Palabra y no conforme a las tradiciones de los hombres, y con tanta oposición, esto sólo podía llevarse a cabo amparados bajo la sombra del Omnipotente.

Recibió muchas amenazas y libró intensas batallas espirituales por la causa de Jesucristo. Y para esto, su amparo no fue ningún otro que el Castillo Fuerte de su Dios.

“El eterno Dios es tu refugio” (Deut. 33:27).

“Jehová es mi roca y mi fortaleza, y mi libertador; Dios mío, fortaleza mía, en él confiaré; mi escudo, y el fuerte de mi salvación, mi alto refugio; Salvador mío; de violencia me libraste” (2 Sam. 22:2-3).

“Éstos confían en carros, y aquéllos en caballos; mas nosotros del nombre de Jehová nuestro Dios tendremos memoria (Sal. 20:7).

“Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida, y se traspasen los montes al corazón del mar; aunque bramen y se turben sus aguas, y tiemblen los montes a causa de su braveza” (Sal. 46:1-3).

“La verdad es que el genio de este hombre, con la ayuda de Dios, había forjado una nueva y poderosa arma de la Fe, y las conquistas obtenidas por ella fueron incalculables. Grandes masas de personas, con los himnos y las melodías de Lutero en sus labios, se introdujeron por medio del canto en el creo de la reforma prostestante” (Elsie Houghton, Classic Christian Hymn-Writers, p.29).

Sin lugar a dudas, Martín Lutero hizo una contribución formidable para volver a colocar el cántico congregacional en su justo lugar en la adoración. Muchos otros siguieron luego sus pasos, inspirados en la obra de este gran reformador. ¡Gracias, Señor, por el aporte que tu siervo Lutero hizo a tu pueblo.
Soli Deo Gloria