viernes, 8 de julio de 2016

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La Adoración Verdadera (CBL 1689)

Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren. (Juan 4:24)

En estos días que vivimos existe mucha confusión sobre el verdadero significado de la adoración. Pero se debe adorar a ÉL a causa de su naturaleza y sus perfecciones, tanto internos como externos; tanto con los cuerpos y las almas de los hombres; y tanto privados como públicos; en el armario, en la familia y en la iglesia de Dios; como la oración, la alabanza, la asistencia en la palabra y las ordenanzas y todo conforme á su voluntad.

En muchas iglesias es conocido como un tiempo de canciones, una clase especial de música, experiencias emocionales fuertes o incluso místicas de cierta cercanía a Dios, etc. hasta se motiva a la gente a ser adoradores sin saber lo que esto implica y por falta de conocimiento se los lleva a una práctica distorsionada de la verdadera adoración.

La palabra hebrea para adoración tiene que ver con inclinarse, postrarse. De ahí que Dios manda en su ley que no debemos inclinarnos o postrarnos ante imágenes, pues sólo a Dios hay que adorar. La palabra griega que encontramos en el N.T. nos amplia el concepto relacionándolo al  servicio y al culto, tanto en la expresión privada como pública.

En términos generales podemos decir que la adoración es mucho más que un acto, es la actitud que está detrás de cada acto, particularmente aquellos donde somos conscientes de la presencia de Dios.

En Juan 12:1-8 se relata la historia de María la hermana de Lázaro y Marta que ungió los pies de Jesús con un perfume muy costoso y los secó con sus cabellos. Este acto es una preciosa ilustración de la adoración verdadera y como a Dios le agrada. Jesús había enseñado que los verdaderos adoradores debía adorar en espíritu y en verdad, esa es la adoración que le agrada al Padre. Si es en espíritu es gobernada por el espíritu, no por lo físico o externo. Algunos pretenden dar rienda suelto a su cuerpo justificándolo como adoración, pero es no es espiritual, es carnal, es físico e incluso muchas veces es pecaminoso.

Cuando la adoración es en Espíritu el espíritu gobierna al cuerpo. Empieza en el espíritu, en lo profundo del alma humana en búsqueda de Dios y se rinde en obediencia y devoción con santo temor, reconociendo lo sublime de Dios, humillándose ante su presencia, su santidad, su gran poder. La verdadera adoración lleva más a postrarse, a arrodillarse, a permanecer en reposo, a cerrar los ojos que a mover todo el cuerpo en forma descontrolada. No es tampoco una expresión de solemnidad fría y sin emociones; el ceremonialismo apático y superficial es muchas veces evidencia de hipocresía, de cumplir con un rito sin un corazón agradecido y sorprendido por la grandeza de Dios.

La adoración que es en verdad es conforme a la palabra de Dios. No puede ser contraria a ella sino estaría basada en una mentira y no sería adoración verdadera. Jesucristo es la verdad y su Palabra correctamente interpretada en dependencia del Espíritu Santo nos guía a toda verdad. La adoración que deja de lado el evangelio y la doctrina será sin duda una adoración incorrecta, un fuego extraño en la presencia de Dios, algo que él aborrece y rechaza de forma tan clara en las Escrituras. Con mucha razón el Señor Jesucristo reprochó la hipocresía de muchos diciendo: Este pueblo de labios me honra, pero en su corazón están lejos de mi.

La adoración verdadera contiene ciertos elementos que vemos en María en esa cena en Betania:

Amor: Un amor que brota hacia Cristo porque ha comprendido en alguna medida el amor de Cristo hacia uno.

Fe en Jesucristo como único medio de salvación y perdón de nuestros pecados para estar en paz con Dios.

Gratitud por la salvación y las bondades de Dios sobre nuestra vida.

Humildad al no considerar la adoración como algo digno de mérito sino mas bien un privilegio de su gracia. Se centra en Cristo y su gloria no en quien adora.

Entrega al rendir nuestras vidas por completo y sin reservas en servicio y obediencia a Dios.

Intimidad, cercanía profunda para conocerle más al saber que él nos conoce completamente y a pesar de eso nos da el privilegio de estar en su presencia.

La verdadera adoración es exclusiva de los creyentes, de los discípulos de Jesús. Quien no ha sido regenerado, quien no se ha arrepentido de sus pecados y confiado en Jesucristo como el Señor y Salvador nunca podrá adorar verdaderamente. Judas estuvo al lado del Señor por muchos años, pero nunca entendió ni practicó la verdadera adoración. Sólo por medio del nuevo nacimiento una persona puede ver el reino de Dios y entrar en él. Sólo aquellos a quien Cristo ha abierto los ojos para que salgan de las tinieblas a su luz admirable, sólo los que estuvieron muertos en delitos y pecados pero Dios le dio vida, sólo aquellos que eran incrédulos y rebeldes hijos de ira pero Dios les dio fe para creer en el evangelio y seguir al Salvador, sólo ellos pueden adorar en espíritu y en verdad.

Confesión Bautista de fe de 1689 dice: De la adoración religiosa y del día de reposo (Confesión Bautista de Londres 1689)

1. La luz de la naturaleza muestra que hay un Dios, que tiene señorío y soberanía sobre todo; es justo, bueno y hace bien a todos; y que, por lo tanto, debe ser temido, amado, alabado, invocado, creído y servido con toda el alma, con todo el corazón y con todas las fuerzas.1 Pero el modo aceptable de adorar al verdadero Dios fue instituido por él mismo, y está de tal manera limitado por su propia voluntad revelada que no se debe adorar a Dios conforme a las imaginaciones e invenciones de los hombres o a las sugerencias de Satanás, ni bajo ninguna representación visible ni en ningún otro modo no prescrito en las Sagradas Escrituras.2
1. Jer. 10:7; Mr. 12:33.
2. Gn. 4:1-5; Ex. 20:4-6; Mt. 15:3,8,9; 2 R. 16:10-18; Lv. 10:1-3; Dt. 17:3; 4:2; 12:29-32; Jos. 1:7; 23:6-8; Mt. 15:13; Col. 2:20-23; 2 Ti. 3:15-17.

¿Eres tu un verdadero adorador?

Soli Deo Gloria



miércoles, 6 de julio de 2016

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Tomar en serio la Biblia - Leelo

En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti.” (Salmo 119:11)

Cuando experimentamos la nueva conversión después de haber oír el Evangelio y ser salvos. Tenemos la experiencia del primer amor a DIOS y a su Palabra. Por meses o años, pero llega un momento donde uno deja de leer y el amor mengua, la razones o excusas sobran y es ahí donde la necesidad del alma por la presencia de Dios carece y la ruina espiritual llega. Y después de la tormenta  unos empiezan a leer su Biblia hasta alta hora y nace una vez más la gracia de volver a leer las escrituras y es un  libro tan diferente a cualquier otro que se había visto en toda la vida. El A.T. y Nuevo Testamento resonaba con el anillo de la verdad. Por encima de todo, el Cristo cuya historia que cuenta  se convirtiere en una persona viva con la que empieza  una conversación diaria. Y cada día se percibí más  de la gloria de Cristo como se revela en las Escrituras.

Así que ¿por qué tomar en serio la Biblia?

Obviamente, esta experiencia va un largo camino para explicar por qué tomar en serio la Biblia. ¿Pero qué hay de ti? ¿Por qué debe cualquier otra persona que no ha tenido una experiencia así siga el ejemplo de muchos santos? La respuesta se encuentra en la Biblia misma. Salmo 19: 8-9 dice: "Los mandamientos del Señor son puro, que alumbra los ojos" ('mandamientos' se refiere aquí a las Escrituras como un todo). El apóstol Pablo subraya esta afirmación cuando habla de "los ojos de vuestro entendimiento" en Efesios 1:18. En pocas palabras, las Escrituras afirman una capacidad única para darnos entendimiento de las cosas que de otro modo no podríamos conocer. Es como una persona ciega que recibe de repente el don de la vista y ver colores y los rostros de los seres queridos, por primera vez excepto que la "vista" que aquí nos ocupa es la comprensión de las realidades espirituales a las que de otro modo sería ciega.

Por supuesto, entendemos muchas cosas sin la ayuda de la Biblia.

La Biblia, sin embargo, tiene una explicación clara para nuestra confusión e incoherencia. Hecho a imagen de Dios, el hombre conserva una nobleza de la naturaleza y el propósito que lleva a grandes logros. Pero como una raza en rebelión contra nuestro Creador nos podemos hacer y sondear las profundidades del pecado, la maldad y depravación. Todo esto explica la Biblia en sus primeros capítulos y el tema corre a través de todo el libro. Sin esta perspectiva sobre el pecado humano nunca podemos comprendernos a nosotros mismos, nuestros triunfos y fracasos o reconocen nuestra necesidad de reconciliarse con Dios.

La creación de la comprensión

Sin la iluminación proporcionada por la Biblia que no podemos comprender plenamente el mundo que nos rodea. Este es el tema central de mi libro "¿Quién hizo a Dios? La búsqueda de una teoría del todo "y, obviamente, no puedo transmitir su contenido en unos pocos párrafos. Pero déjame darte algunos consejos para abrir el apetito.

La Biblia ha enseñado durante los últimos 4000 años en sus palabras iniciales familiares; "En el principio creó Dios los cielos y la tierra". Por otra parte, aunque la ciencia propone teorías sobre cómo el universo podría haber comenzado, nunca puede responder el por qué pregunta - "¿por qué hay algo en lugar de nada?"

Es sólo desde el surgimiento de la ciencia moderna que hemos comprendido que el universo físico opera de acuerdo a leyes de la naturaleza. De hecho, la ciencia no puede existir a menos que esto fuera así, ya que todo su objetivo es descubrir y entender estas leyes.

Lo que la ciencia no puede hacer, sin embargo, es explicar en estas leyes vienen ni por qué nuestra mente puede comprenderlos. La Biblia nos proporciona una respuesta simple; las leyes se pusieron en marcha por un creador cuya ley que da la naturaleza que se enseña en la Biblia. Él es el Dios "en [quien] vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser" y que está continuamente "sustenta todas las cosas con la palabra de su poder" (Hechos 17:28; Hebreos 1: 3). Y si, como dice la Biblia, el hombre está hecho a imagen del dador de la ley, no es de extrañar que tenemos la capacidad de comprender, al menos en parte, las leyes que él ha diseñado.

La comprensión de Cristo

A medida que avanzaba mi lectura de la Biblia, empecé a entender lo que llevó a Jesús a la tierra hace 2000 años. El dijo: "He venido a buscar y salvar a los que están perdidos" por lo que se refería a los que se han alejado de Dios. Filósofo Friedrich Nietzsche famosa declaración de que "Dios ha muerto", pero llegó a entender que no es Dios que está muerto pero que por naturaleza están "muertos en delitos y pecados" (Efesios 2: 1). Me reconocí ser un pecador y vi un Cristo que vino a "salvar" (es decir, de perdonarme y reconciliarme con el Creador que lo había ignorado tanto tiempo). Jesucristo no vino sólo para reformar la humanidad, como muchos piensan, sino para transformar aquellos que vienen a él con fe. ¿Cómo hace él esto? Por levantándonos de la muerte espiritual e impartiéndonos vida espiritual. Así que Pablo añade: "Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo, por gracia ustedes han sido salvados" (Efesios 2: 4). Esta espiritual  "Salvación" obtuvo para todos los que confían en su obra expiatoria por su crucifixión y resurrección.

Soli Deo Gloria



martes, 5 de julio de 2016

La Caída del Hombre

¿Qué tiene que ver la Caída con el ser humano hoy en día? Sin la Caída, nunca podremos entender realmente por qué Jesucristo murió en la cruz o la pecaminosidad de las premeditadas elecciones humanas. Aquí tenemos a Adán, a Eva y la única explicación creíble de la naturaleza humana. 


“Pero la serpiente […] dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto?” (Génesis 3:1).

La Caída del hombre es la clave para entender la naturaleza humana y el estado del mundo. Aparte de esto no existe una explicación creíble para el estado humano, incluyendo, por ejemplo, la existencia de la conciencia humana: el conocimiento del bien y el mal que distingue a las personas de los animales y las pone muy por encima de ellos. Solo la Caída explica por qué, a pesar de que tenemos esta alarma moral inherente, no podemos obedecerla ni mantener los estándares que demanda. Aquí vemos solo uno de los misterios de la naturaleza humana, el cual ninguna literatura en el mundo, aparte de la Biblia, puede explicar.

Solo la Caída explica las crueles guerras y toda la hostilidad humana, sin mencionar la avaricia en todas partes, el egoísmo y el antagonismo hacia Dios. Enfocándonos en este último punto, ¿acaso no sería razonable que las personas acogieran la idea de que existe un Creador bueno, misericordioso y magnificente, que está dispuesto a conceder comunión con Él y darles gratuitamente una vasta gama de beneficios e incluso la vida eterna? ¿Por qué entonces tantas personas luchan por probar que Dios no existe, ni tampoco la vida después de la muerte, ni estándares, ni un bien supremo y final? No se puede explicar la naturaleza humana sin la Caída, ni tampoco el surgimiento del sufrimiento y la tragedia en el mundo.

Nada tiene sentido sin este concepto fundamental de una raza humana caída por medio del “pecado original”. Si la narración bíblica de la Caída no fuese verdadera historia revelada por Dios, aun así sería la obra de literatura más extraordinaria desde el comienzo de la escritura, porque refleja perfectamente lo que pasa en todo comportamiento humano a lo largo de los siglos. Su aparente simplicidad esconde una exactitud penetrante y profundas capas de significado, lo cual muestra tanto inspiración divina o genialidad literaria y psicológica en su más alto nivel. Resulta ser que la Biblia lo presenta como una historia literal y Cristo atestigua que es así.

El error más grande que uno puede cometer en la religión es pensar que uno es capaz de agradar a Dios con sus propios logros de justicia (o buenas obras), un error que proviene de un entendimiento inadecuado de lo que ocurrió en la Caída de la raza humana, con la consecuente corrupción del carácter humano. Solo la Biblia nos habla de la Caída del hombre y la necesidad de un Salvador. El problema de otras religiones es que no aceptan la Caída y la depravación humana, y entonces surge la idea de que las personas son capaces de satisfacer los requerimientos de Dios por sus propios actos meritorios, pero eso no puede hacerse.

Algunos pueden pensar que la Caída del hombre es un tema negativo, deprimente y profundamente pesimista, pero es la puerta al realismo, pues demuestra la necesidad de un Salvador y de que Dios obre en nuestras vidas. A pesar de las muchas habilidades extraordinarias que Dios ha dado a la humanidad, y a pesar de los indudables logros de las personas a lo largo de los siglos, existe mucho sobre lo que se puede ser cínico en este mundo. Existe tanto antagonismo a lo que es moral y tanta vileza (o corrupción) y crueldad que no podemos más que admitir que la depravación humana es verdad.

En Génesis 3, vemos un “huerto” de dicha y de una belleza indescriptible. Adán y Eva han sido creados, la raza humana está en marcha, y el “aire” está lleno de pureza, felicidad, poder moral y sobre todo comunión con Dios. La primera pareja tiene perfecta armonía y experimenta toda sensación pura y agradable que la humanidad conoce. Su paraíso no tiene pecado, ni heridas, ni traiciones, ni tristeza, ni aflicción, ni decepciones, ni miedo, ni muerte o abandono, ni dolor o cansancio, solo energía sin límites y satisfacción intelectual ilimitada, pues este es un lugar bajo el poder protector y la misericordia inquebrantable de Dios todopoderoso. Nada se deteriora ni se descompone en este lugar de belleza imperecedera. Y aun así aquí tenemos la escena para el peor momento de traición inimaginable. ¿Qué es lo que pudo ocasionar esto?

En ese paraíso una serpiente le habló a Eva. ¿Una serpiente que habla? Sí, porque Satanás, un ángel del más alto rango que había caído del Cielo a causa del orgullo , entró en la misma, pero Eva no se alarmó de este fenómeno porque estaba acostumbrada a maravillas y cosas sorprendentes, y no tenía razón de sospechar de nada. Esa serpiente, en el principio, habría sido un animal hermoso y erguido, porque antes de la Caída no había nada siniestro o repugnante que pudiera verse en realidad estaba poniendo incertidumbre en la mente de Eva acerca del significado exacto de las palabras de Dios y también plantando la duda acerca de si el mandato de Dios era razonable.

En el centro del Huerto, en medio de numerosos árboles frutales, habían dos que eran especialmente importantes: el árbol de la vida y el árbol del conocimiento del bien y del mal. Satanás le dijo a Eva: “¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto?”, en realidad estaba poniendo incertidumbre en la mente de Eva acerca del significado exacto de las palabras de Dios y también plantando la duda acerca de si el mandato de Dios era razonable.

En respuesta, la mujer afirmó que podían comer de todo fruto excepto de uno de los del huerto: “Pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis”. Pero al relatar el mandato de Dios, Eva, consciente o inconscientemente, lo diluyó, porque Dios había dicho: “Ciertamente morirás”. Quizás Eva solo estaba siendo descuidada, pero volvió algo ciertísimo en algo meramente posible, y Satanás inmediatamente tomó ventaja de su concepto debilitado y contradijo directamente las palabras de Dios y dijo: “No moriréis”.

¿Cuál era exactamente el fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal? No era una manzana; una idea puesta de moda por la mitología griega. Era el símbolo de un mundo alternativo donde se podrían explorar los valores y experiencias contrarios a los estándares santos de Dios y uno podría dejarse llevar por ellos. Tal mundo no existía todavía, pero en el instante que Adán y Eva ejercieran la libertad de elección inherente a su naturaleza, y eligieran desobedecer a Dios, este otro mundo comenzaría a existir a su alrededor, un mundo donde lo opuesto de cada cosa valiosa y su privación estarían disponibles. En cierto sentido, un nuevo mundo de “antivalores” se produciría por la voluntad del hombre.

¿Cuán resbaladiza era la pendiente que llevó a la ruina? No era resbaladiza en absoluto, porque al haberles dado Dios una naturaleza perfecta que se deleitaba en la santidad, Dios les había dado toda facilidad a Adán y Eva para que  mantuvieran su amor y lealtad a su Creador. Dios había comprimido los Diez Mandamientos con todos sus profundos requerimientos en un simple deber: No elijáis conocer lo que la vida sería sin Dios. Nuestros primeros padres tenían una libertad intelectual maravillosa, y toda felicidad, al cumplir único requerimiento de obediencia: Obedéceme y confía me mí no tomando jamás ese fruto.

Habiendo negado que Adán y Eva morirían al comer del fruto prohibido, la serpiente procedió a culpar a Dios de un motivo vil y bajo y también de envidia diciendo que Dios sabía que en el día que ellos comieren serían abiertos sus ojos y serían como Dios, sabiendo el bien y el mal.

“Toma el fruto y seréis justo igual que Dios”, dijo Satanás, insinuando que Dios estaba impidiendo que accedieran a algo incluso más deseable que lo que tenían, donde incluso tendrían incluso una mayor libertad e igualdad con el Creador. Dios les estaba escondiendo ciertas cosas.

El pecado comenzó en el Huerto del Edén cuando Eva eligió creer la mentira, deseando algo más, otra cosa, y estando dispuesta a desconfiar de Dios y a desafiarle con el fin de tener lo que ella quería. ¿Pero no fue Eva simplemente una muchacha ingenua a quien Satanás embaucó y quien momentáneamente tropezó por la tentación? ¿No era una cándida inocente que fue subsiguientemente castigada por ser víctima de una mentira?

Sabemos que Eva no solamente era hermosa sino que también, como Adán, era enormemente inteligente, porque Dios dijo respecto a toda su obra creativa que “era [buena] en gran manera”. Capacidades intelectuales  nunca fueron tan maravillosamente combinadas sino hasta la venida de Jesucristo. También podemos tener certeza de su gran inteligencia por otra razón: debido a que fueron los primeros en ser creados a imagen y semejanza de Dios y los antepasados de toda la raza humana, Adán y Eva poseían cualidades extremadamente elevadas. Ellos llevaban los genes originales de donde todo el mundo sería formado, y después de la Caída todas las variaciones serían imperfecciones en vez de mejoras.

Teniendo en cuenta que el origen de todos los talentos naturales se encontraban en Adán y Eva, podemos estar seguros que entendieron los aspectos de su tentación con una inmensa claridad antes de que realizaran su fatal elección.

El pecado comenzó, por tanto, unos instantes antes de que el fruto fuese realmente tomado, y no solo una ofensa, sino muchas juntas unidas en un pecado múltiple de proporciones horrorosas. “¡Qué cosa tan pequeña,”, dicen los cínicos, “que todo el futuro de la raza humana se base en un pequeño acto de desobediencia: el comer de un solo fruto!”. Pero también se puede describir la horrorosa fuerza destructiva desencadenada en Hiroshima o Nagasaki como el resultado de una mera “fisión nuclear”. No miramos solo el hecho de tomar y el comer el fruto, sino todo lo que está inmediatamente detrás. No miramos el dedo apretando el gatillo, sino la mente que decidió llevar a cabo la acción.

Vemos en nuestros primeros padres una rápida oleada de actitudes pecaminosas, todas originales y sin precedentes, y todas generadas y permitidas por su voluntad: por su libertad de elección libre y sin coerción. Vemos una amalgama de ingratitud, incredulidad, deslealtad y orgullo, y todavía no hemos agotado con los pecados detrás del crimen.

El orgullo dijo: “Esto es a lo que tengo derecho y debería tener, y Dios lo está escondiendo de mí injustificadamente”, y así la raza humana apartó su mirada de Dios, y todos los valores opuestos, los antivalores, nacieron. Nunca antes habían estado en el mundo del hombre antes de ese terrible momento; pero Eva, y después Adán, los eligieron. En efecto dijeron: “Nosotros, a partir de ahora, nos alejamos de nuestro Creador”, y lo opuesto a la vida, el amor, la pureza y la belleza entraron en este mundo.

Si Eva eligió primero, Adán lo hizo peor, pues no necesitó un encuentro directo con Satanás. Se ha dicho que ella fue tentada y el cayó, pero es imposible e irrelevante atribuir grados de culpabilidad. Parece que Adán  respaldó completa e incondicionalmente la propuesta de Eva de comer el fruto.

Todo el horror de su pecado múltiple se pone de manifiesto en la narración bíblica, especialmente en lo que respecta a los motivos de Eva. Leemos: “Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto,  y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella”.De la narración se hace aparente que la advertencia de Dios fue sopesada en relación a su deseo, y fue rechazada. Para Eva todo giraba en torno a lo que era bueno para probar, bueno en apariencia y bueno para un campo de conocimiento completamente nuevo. Dios había declarado ese fruto malo, tan malo que los mataría, pero Eva (y después Adán) eligió creer lo contrario, que era muy bueno y que les otorgaría un estatus nuevo y deseable.

Vemos esto en nuestra sociedad presente, donde los valores de Dios se rechazan flagrantemente y se favorece lo que la gente quiere hacer para satisfacer sus diversas lujurias y codicias y también sus aspiraciones egoístas. Si Dios declara que algo produce muerte, el hombre, en un momento dado, lo legaliza y alardea de ello.

Los deseos de Eva son expresados en el Nuevo Testamento con estas palabras: “Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre,  sino del mundo”. Estos deseos fueron introducidos por Satanás en el Huerto del Edén para derribar la raza humana, y continúan siendo su triple estrategia de tentación central.

Eva escuchó la mentira de Satanás, la consideró y la aceptó; después tomó el fruto y comió: una serie de acciones diferentes. Del mismo modo, Adán, con acciones distintivas, recibió el fruto de Eva y comió. Estos pasos o etapas nos proveen de información pues nos señalan la naturaleza premeditada y bien considerada de sus acciones. Desde el momento en que Eva sopesó las palabras de la serpiente, contempló el fruto prohibido y quiso sus supuestos beneficios, hasta el momento en que arrancó ese fruto, pasaron unos cuantos segundos o tal vez un poco más, en los que un grupo de pecados se desarrollaron como una avalancha. El tiempo que pasó entre arrancar el fruto y comerlo también muestra la fija determinación de su desobediencia. Eva no fue ingenuamente inducida a un acto impulsivo mediante el engaño, sino que actuó deliberadamente de acuerdo con su libre elección. Fue un acto intencionado en el que decidió dejar a Dios de lado y desobedecerle.

Ya hemos señalado que la respuesta tanto de Adán como de Eva a Satanás involucraba siguientes los pecados: ingratitud hacia Dios, incredulidad, deslealtad y orgullo. Pero ahora, el hecho de tomar y comer del fruto añadió desobediencia, rebelión y rendición a la codicia, lo que puso a la raza humana en una total oposición a la voluntad y gobierno de Dios.

Nuestros padres habían sido creados perfectos y santos, y se les había dado una asociación de lo más cercana que se pueda imaginar con su Dios. El pecado no merodeaba en sus mentes o corazones ni siquiera en forma embrionaria ni tampoco eran inocentones incapaces de discernir las implicaciones de la mentira de Satanás. Sin embargo, eligieron creer la mentira, y desde ese momento el pecado nació, lo cual desembocó en comer el fruto, y entonces “fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos”. Conocieron toda la gran fealdad de la lujuria, porque sus naturalezas se habían vuelto corruptas, y su pureza y santidad gloriosas habían sido destrozadas.

En ese momento la muerte entró en sus vidas justo como se les había advertido; una muerte doble. Por un lado, murieron espiritualmente porque su cercana comunión con Dios había sido destruida, y en el futuro estarían fuera de su reino, amabilidad y gobierno. Se habían convertido en enemigos de Dios, y en breve serían fugitivos.

Por otro lado, también habían muerto físicamente, pues aunque sus cuerpos estaban todavía vivos, el proceso de muerte física había comenzado, y sus días se verían limitados por el proceso de envejecimiento y muerte.

Muy pronto la alienada pareja oyó “la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día; y el hombre y su mujer se escondieron”. Ya no podían caminar ahí sin tener temor, porque la culpabilidad ahora había formado una barrera aprensiva entre ellos y Dios. Sin embargo, el pecado aún no había terminado su oba destructora porque a pesar de la culpabilidad y el miedo rápidamente negaron lo que habían hecho mal, embarcándose en un proceso de autojustificación. Dios se acercó, pero ellos no lo buscaron. Dios habló, pero ellos no respondieron. Entonces la voz del Creador sonó por todo el Huerto: “¿Dónde estás tú?”.

Dios, desde luego, sabía dónde estaban porque Él sabe todo, por lo que sus palabras eran un reto más que una pregunta. Adán respondió: “Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo,  porque estaba desnudo; y me escondí”.

“¿Quién te enseñó que estabas desnudo?”, preguntó la voz de Dios de forma escrutadora y para darle convicción, dándole así a Adán la oportunidad de confesarlo todo. “¿Has comido del árbol de que yo te mandé no comieses?”. Adán aún no se arrepintió sino que culpó a Eva y, después, a Dios mismo por haberle dado una esposa. Echarle la culpa Eva fue el primer acto de traición y deslealtad de una persona contra otra en la historia del ser humano. “La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí”.

Este diálogo constituye la descripción más exacta jamás escrita del continuo autoengaño de la raza humana. Pecamos, pero no es culpa nuestra, sino que es culpa de cómo nos han criado, nuestro ambiente o lo que otras personas nos han hecho. En la cultura victimista de hoy en día el “juego de echar la culpa a otro” se vuelve cada vez peor porque el orgullo es soberano e impide que la gente acepte su responsabilidad por su maldad.

En el caso de Adán y Eva toda la gama del pecado humano entró en el mundo a raudales porque se prefirió la mentira de Satanás en vez de la verdad de Dios, y se prefirió la autogratificacion en vez de la obediencia. Y, sin embargo, Adán en un principio no entendió el horror de su caída, ni sus implicaciones, y lo mismo pasa con nosotros. Hasta que no nos damos cuenta del gran abismo entre nosotros y Dios, y cuánto lo ofendemos, no podemos buscarlo adecuadamente. Solo un concepto claro del alcance de la Caída y de la pecaminosidad del corazón humano prepara a la gente para un verdadero arrepentimiento ante Dios.

Es muy probable que Adán y Eva se arrepintieran posteriormente, aunque la narración bíblica no dice nada al respecto.

Pero mientras estaban en el Huerto, Adán le echó la culpa a Eva y Eva a la serpiente. A través de la Caída llegó la muerte física, toda la biología cambió, y ahora en la naturaleza existen luchas salvajes y sin compasión y eso  marcó la pérdida del favor especial de Dios, y también con la Caída llegó la era del trabajo duro y los problemas. La humanidad eligió la vida lejos de la bondad de Dios, y tal ambiente entró al mundo. Pero la sentencia de Dios no se dio sin una asombrosa promesa, pues el Señor dijo a la serpiente: “Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar”.

Un glorioso descendiente de Adán y Eva un día vendría, el cual heriría o aplastaría la cabeza de la serpiente. Dios hablaba, por supuesto, de Cristo, la segunda Persona de la Trinidad, quien vendría encarnado a esta Tierra e iría a la cruz del Calvario para expiar los pecados de todos aquellos que confiarían en Él. El crimen de Satanás al derribar la raza humana significaría que Cristo soportaría un sufrimiento indescriptible (ilustrado en que su “talón” sería herido o aplastado), pero al tener una naturaleza divina al igual que humana, Él resucitaría de los muertos.

Si desconocemos la gravedad del pecado de la Caída, no podemos ver la barrera montañosa entre nosotros y Dios. Sin la Caída, nunca podremos entender realmente la Cruz. Solo la Caída nos capacita para ver la tragedia de la elección premeditada del ser humano y su pecaminosidad y la infinita misericordia de Cristo el Salvador al venir a asegurar perdón y nueva vida a billones de personas a lo largo de la historia del mundo.

Hemos visto que en la narrativa de la Caída existen explicaciones para las actitudes humanas en todos los tiempos, porque las estrategias del tentador nunca cambian y los seres humanos responden igual que sus primeros padres. Al igual que Satanás sembró dudas en la mente de Eva acerca de Dios y sus mandatos, Él hace lo mismo con las personas hoy en día. No quiere que nadie crea en un Dios en quien se puede confiar o quien tiene una autoridad total sobre ellos.

A Él no le importa si la gente tiene un dios menor, con tal de que no sea el verdadero Dios. Por consiguiente pregunta: “¿De verdad Dios ha establecido estándares que la gente tiene que cumplir? ¿De verdad que Dios los va a castigar cuando mueran? ¡No! —dice Satanás—, la gente debería rechazar tales ideas y creer que tienen el derecho de hacer lo que les plazca siempre y cuando no afecten a otros.

“Dios os está escondiendo cosas y os está controlando”, insinuó Satanás a Eva, y continúa con lo mismo hoy en día diciendo: “La religión es poco razonable y restrictiva; aparta la moralidad; sé como Dios; sé tu propio Dios”.

Aunque Dios le había dicho a Eva que un fruto en concreto era mortal, ella decidió que era bueno para comer. También consideró que era agradable a los ojos, y enormemente deseable para la obtención de un conocimiento ilegal. En el momento en que ella desconfió de Dios, los pensamientos rebeldes se fortalecieron, y lo mismo ocurre con nosotros. Rechace la Biblia y los Diez Mandamientos y rápidamente se desaparece toda restricción moral, lujurias y codicias se imponen y la nueva sociedad liberalizada se vuelve cada vez peor. Al igual que pasó con Eva, las apariencias importan más que el carácter, y el deseo de tener cosas materiales está por encima que cualquier búsqueda del significado y propósito en la vida.

Decimos: “No quiero a Dios porque es injusto, restrictivo y cruel. No le escucharé ni le obedeceré. No creo su amenaza de castigo o muerte, y cuando muera seguro que iré al Cielo, en el caso de que exista tal lugar”. Esta última presunción comenzó en el Huerto del Edén, lo que muestra la arrogancia que se forma rápidamente con la aparición de la desobediencia a Dios.

El pecado es abominable para Dios, completamente irrazonable y destructivo en todos los sentidos. Desde el Edén, la naturaleza humana ha continuado en depravación, y aparte de la posibilidad de perdón a través de Cristo, todo el mundo vive y muere bajo la advertencia de muerte.

La depravación humana no excluye toda bondad porque Dios ha determinado que algunos sentimientos y características positivas queden en cierta medida incluso en corazones corruptos y desobedientes, de forma que el mundo no sea totalmente insoportable, y también para dar a la gente tiempo para que se arrepienta. Sin embargo, todo lo que hacemos está profundamente contaminado por la Caída.

Hay deseos y motivos que son orgullosos y egoístas en todo lo que hacemos, y esta es la razón por la que el mundo es como es, y los conflictos y las penas nos persiguen incluso en las etapas más felices de la vida. La “montaña rusa” emocional de la vida que las telenovelas de televisión presentan es una verdadera representación de la humanidad, excepto que estas no se atreven a reproducir la realidad completa de la violencia, privación, inmoralidad y miseria que predomina por todo el mundo.

La doctrina bíblica de la “depravación total” no significa que las personas sean 100% malas, sino que están manchadas y corrompidas en cada área de la mente, corazón y voluntad. Inevitablemente el orgullo rechaza esto, pero la verdad es que no puede negarse. La Caída del hombre es la razón de cada aspecto horrible de la vida en el mundo a lo largo de la historia, y sin el amor de Cristo y la salvación que Él trae, estaríamos completamente sin esperanza y sin Dios en el mundo.

La Caída es la razón por la que existe un mundo en el que la enfermedad y la muerte acaban con las vidas a menudo con gran sufrimiento, y arrebatan, incluso a bebes y niños de la felicidad, y dejan a sus padres en gran dolor. El pecado original ocasionó la Caída y nuestra impiedad continua y premeditada respalda el paso que dieron nuestros primeros padres.

¿Dónde está Dios en la tragedia y el dolor? Las personas que buscan a Cristo y su amor perdonador definitivamente lo encuentran. A través de Cristo recibimos reconciliación con Dios, una nueva vida, un nuevo propósito, fortaleza proveniente de lo alto y seguridad eterna. Con esta nueva vida los padres pueden rodear a sus hijos gravemente enfermos con amor por Dios, sembrando en ellos la misma confianza en Cristo y certeza de la eternidad, de forma que la enfermedad y muerte sean el portal al Cielo, y exista confianza en Dios y Él sea alabado por su gran salvación.

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¿Conoces El Evangelio?


Jesucristo comenzó su ministerio en esta tierra con estas palabras: “…El Tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos y creed en el evangelio.” (Marcos 1:15)

Es urgentemente necesario entender las condiciones e implicaciones de este breve texto bíblico.

La primera parte del versículo afirma que con la venida de Jesucristo, el reino de Dios se acercó y comenzó su establecimiento en este mundo. Por muchos siglos, la humanidad había sido dejada en la ignorancia y todos los pueblos se desviaron en sus diversas religiones, apartándose más y más de la Verdad; y el pueblo judío, con el cual Dios por su misericordia se acercó para hacer un Pacto con ellos, también se mostró infiel, de manera que solo unos pocos estaban anhelando al Mesías prometido. Entonces Dios, que les había hablado en el pasado, muchas veces y de muchas maneras por medio de los profetas, en la consumación del tiempo, envió a Su propio HIJO, al Verbo eterno y habló por medio de Él. (Hebreos 1:1-2)

Así que, los últimos tiempos comenzaron con el ministerio de Jesucristo y desde entonces sus seguidores han propagado sus enseñanzas por todo el planeta, anunciando que Cristo es el Rey  y Señor y que debemos someternos a su Reino.

Sin embargo, los apóstoles también profetizaron que el evangelio sería tergiversado y manchado por apóstatas, lo cual ocurrió desde los primeros siglos de nuestra era y es por esta razón, por la cual muchísimos de los que profesan ser cristianos, ni siquiera conocen de qué se trata el Evangelio. Pero Dios siempre ha preservado un remanente, que se ha mantenido fiel a las enseñazas bíblicas, porque Cristo prometió que ni las puertas del infierno podrían prevalecer contra la iglesia que Él edificaría.

La palabra Evangelio (griego euangelion) significa “buenas noticias” y era usada en el mundo antiguo por los heraldos que se adelantaban al ejército vencedor para anunciar al pueblo que la guerra había sido ganada.

El apóstol Pablo resume el Evangelio en la declaración de que Cristo murió por nuestros pecados, que fue sepultado y que resucitó al tercer día. (I Corintios 15.3-4), pero ¿en qué sentido esto es una buena noticia?

Estos datos no pueden ser apreciados como una buena noticia, mientras el individuo no se percate de cuál es su situación ante Dios y cuán urgentemente necesita la salvación.

Las personas no se consideran a sí mismos enemigos de Dios y no sienten que vivan en guerra con Dios. Pero la Biblia afirma que Dios ve a los hombres como sus enemigos y que está en guerra con nosotros por causa de nuestro pecado.

Esto es lo que dice la Biblia:

“Los insensatos no estarán delante de tus ojos; aborreces a todos los que hacen iniquidad” (Salmo 5:5)

“Dios es juez justo, y Un Dios que se indigna cada día contra el impío”(Salmo 7:11)

“Dios ha mirado desde los cielos para ver si hay alguno que entienda, alguno que busque a Dios, todos se han desviado, a una se han corrompido, no hay quien haga el bien, no hay ni siquiera uno” (Salmo 53:2-3)

No solo los ateos están en guerra con Dios, todos nos hemos desviado del camino recto, unos de una manera y otros de otra.

En Edén, Dios expulsó a Adán y Eva de su presencia por causa de una sola desobediencia y puso querubines para impedirles el acceso al árbol de la vida y una espada encendida que se revolvía para intimidarles (Génesis 3:24). Desde ese momento toda la raza humana vive en enemistad con Dios. Nuestros primeros padres fueron expulsados por un solo pecado y nosotros hemos pecado miles de veces, agravando nuestro merecido castigo.

Cuando llegamos a reconocer esta realidad y la miseria espiritual en la que todo hombre se encuentra, el Evangelio comienza a tener sentido.

¡La buena noticia es que hay perdón para el pecador que se arrepiente y confía en Jesús!

Pero, mientras la persona no sea consciente de la culpa de su pecado y mientras su conciencia no sea despertada para percibir la grave situación en la que se encuentra, el Evangelio seguirá siendo incomprensible. Y esta es una labor que únicamente el Espíritu Santo puede realizar.

La Biblia dice que todos nosotros éramos enemigos pero Dios ha reconciliado a los creyentes por medio de la muerte de Su HIJO. (Romanos 5.10)

Jesucristo, al morir, experimentó no solo un dolor físico indescriptible, sino que Dios el Padre descargó en él, todo el peso del castigo que merecían muchos pecadores y esta fue la pena que lo hizo gritar en la Cruz “¿por qué me has abandonado?” Dios lo trató a él como al peor de los pecadores. Sin embargo, una vez que Él realizó esta misión, habiendo vencido toda su vida contra el pecado, venció también sobre la muerte y fue exaltado al la diestra del Padre. Desde allí, volverá un día para juzgar a los vivos y a los muertos y entonces su reino será consumado.

Esta verdad se incluye en los credos de muchas iglesias, pero no parece haber afectado la vida de sus adeptos. Deberíamos preguntarnos ¿por qué? – Solamente la predicación del Evangelio en el poder del Espíritu Santo puede llevar a los pecadores a reconocer a Jesús como Señor. (I Corintios 12.3)

La victoria de Cristo sobre el pecado y sobre la muerte es la mejor noticia para todo aquel que atienda el llamado al arrepentimiento.
Soli Deo Gloria



domingo, 3 de julio de 2016

¿Excusas para no ir a la Iglesia?

Y consideremos cómo estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras, no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos unos a otros, y mucho más al ver que el día se acerca. Hebreos 10:25 
Hey escuchado a muchos decir esto: "Puedo adorar a Dios tan bien o mejor que si no fuera a la iglesia el domingo". La respuesta es no, no se puede. Puede sentirse como si lo hiciera, pero no lo hizo. La asistencia a la iglesia no es opcional y eso es incluso para el incrédulo. Dios ha ordenado que le demos un día en siete como un día de adoración y descanso. Y todos los que no son creyentes serán juzgados por la Ley de Dios. No asistir a la iglesia es un delito grave porque es un acto de adoración propia y un rechazo de Dios.

Aquí la pregunta es ¿Por qué no todos estamos en la Iglesia en el día de reposo? de aquellos que se llaman ser cristianos ya que un día  profesaron  su lealtad al SEÑOR. Soy testigo de esto por años en la fe y puedo decir que para algunos es un deleite estar en el culto en el día del SEÑOR y se preparan toda la semana, mientras a otros les cuesta y otros pasan por alto guardarlo. Quiero compartir estas verdades buscando despertarte para Dios y puedas ser reverente y tengas gratitud  para con DIOS.

Es triste pensar que hay personas que por más que tienen muchos años en la iglesia no llegan a comprender esta realidad ni le hacen frente.

Creo que hay una necesidad de develar las excusas o razones más comunes por las cuales un “cristiano” no va a congregarse un día domingo. Quizás a usted se le ocurra alguna otra para aportar, son bienvenidos en los comentarios. Espero que esto pueda hacer reflexionar a aquellos inconstantes y quienes se engañan a sí mismos, como así también que sirva de ánimo para aquellos que luchan por agradar a Dios con una asistencia fiel.

Como ven el título dice “excusas o razones”. ¿Por qué? Porque creo que ahí está la trampa. Muchos transforman las excusas en razones para calmar la conciencia. Es verdad que hay razones, pero la mayoría son excusas: Veamos algunas:

1. Estoy muy cansado/a: Toda la semana trabajando o estudiando; algunas trasnochadas; el bebé que no me dejó dormir; el lunes me tengo que levantar temprano y no doy más… etc. El cansancio puede ser un gran problema, sobre todo cuando sabemos que tendremos que estar por casi una hora escuchando un sermón y el sueño nos jugará una mala pasada. ¡Qué verguenza si me ven cabeceando! Mejor me quedo y descanso. Lo necesito… además es el día de reposo. Jaja. Para muchas cosas es fácil hacer un esfuerzo en situaciones similares. Estas cansado pero puedes ver televisión, puedes navegar por Internet o en las redes sociales, quizás hablar por teléfono con algún amigo/a. El cuerpo siempre da para más y eso lo comprobamos cuando hacemos esfuerzos inmensos por aquello que nos apasiona a pesar del cansancio. Que revela esto: La falta de pasión por recibir la enseñanza de la Palabra y la falta de pasión por edificar y servir a nuestros hermanos.

El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas. Isaías 40:29 

2.- Tengo una reunión con familiares: Generalmente la gente del mundo aprovecha los días domingo para entretenimiento y vida social. Dios no está en sus prioridades y si lo está eso sólo para cumplir en ciertas ocasiones pero pueden tomarse licencia cuando lo deseen. El cristiano va a la iglesia por obediencia a la Palabra de Dios. Ese día es separado para la adoración de Dios en la iglesia local. Esto es una prioridad en su vida. No hay nada de malo en compartir con familiares, de hecho debemos procurarlo para testificarles de nuestra fe, pero tienes 6 días más en los cuales realizar eso sin sacrificar el tiempo que le pertenece a Dios. ¿Cederás en la prioridad de congregarte para hacer esta “buena obra”? Cuidado, no sea que caigamos en el engaño sutil de una desobediencia para “dar testimonio”. ¿Cómo verán tus familiares que de veras eres un adorador de Dios y tu compromiso con él es prioritario? ¿Cómo demostrarás que tu amor por Dios es mayor que por ellos? Si quieres conciliar las dos cosas… invítalos a la iglesia para que ellos reciban el mensaje de la Palabra. Si ellos no quieren venir, tampoco querrán escucharte hablar de Dios aunque faltes a la iglesia para ir con ellos. ¡No cedas! Permanece firme en las prioridades.

El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí; Mateo 10:37

3.- Voy de paseo o vacaciones:  No hay nada de malo en los paseos o en las vacaciones, pero la pregunta es… ¿Tomamos vacaciones también de nuestra vida cristiana? Yo escuché de un muchacho que no llevaba su Biblia cuando iba de vacaciones. Él decía que se iba de vacaciones él y le daba vacaciones a Cristo. Sin duda no entendía lo que era seguir a Cristo. Irse de paseo no es excusa tampoco para dejar de ir a la iglesia. Una pregunta que debemos hacernos: ¿Tengo que hacer este viaje un día domingo que es para Señor? Sé de algunos hermanos que organizan sus vacaciones para estar de regreso el viernes o sábado para ir descansados el domingo a la iglesia. Eso muestra respeto en guardar el día de reposo para adorar al Señor y también muestra amor por la iglesia local donde Dios los ha colocado. Si las vacaciones implican viajar muy lejos y no hay posibilidad de volver a la iglesia local de su membresía entonces deberían buscar una iglesia para congregarnos donde estén. El mandamiento sigue vigente aún en las vacaciones:

“no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre…”  Hebreos 10:25

4.- Tengo que estudiar o trabajar:  El nombre «domingo» proviene del latíndies Dominicus (‘día del Señor’), debido a la celebración cristiana de la Resurrección de Jesús. Este día es el que los cristianos tomaron desde el tiempo de la iglesia primitiva para separarlo para la adoración y el reposo y diferenciarse así del sistema judaico basado en la ley mosaica que continuó guardando el sábado. Se conserva el principio moral del día de reposo, pero se festeja el día domingo por causa de la resurrección de Cristo quien ES nuestro reposo. Es verdad que muchos no consideran vigente el cuarto mandamiento, sin embargo si creen en la vigencia de los 9 restantes tienen un problema al querer excluir este. Guardar el día de reposo tiene un carácter moral que aún hoy debe ser observado al igual que lo hacemos los otros mandamientos tales como no tener ídolos, no hurtar, no matar, no comer adulterio, etc. Los 10 mandamientos no caducan ni pasan de moda, por lo menos para quien teme la Palabra de Dios. Por esta razón, las tareas cotidianas como trabajos o estudio y algunas clases de entretenimientos que nos devían el foco de nuestra adoración a Dios deberían ser excluidas en este día. Nadie guarda este mandamientos como se debe, pero el verdadero cristiano se esforzará por hacerlo en el temor de Dios y conforme a la luz que tiene.

Guardarás el día de reposo para santificarlo, como Jehová tu Dios te ha mandado. Deuteronomio 5:12

5.- Hoy no tengo ganas:  Este mundo está tan lejano de los principios y valores de la Escritura que hemos sido ampliamente influenciados a pensar y sentir muchas cosas como los incrédulos. El humanismo ha hecho del hombre el centro del universo y así lo ha transformado en señor de su propia vida haciendo lo que quiere. El cristiano ha sido salvado de esa cosmovisión antropocéntrica para vivir para Dios en todo lo que hace. Uno lucha con sus emociones y sentimientos frecuentemente, pero no por eso desistiremos de formar disciplinas. Quizás alguien se levanta y no tiene ganas de bañarse, entonces no se baña, otro no tenga ganas de cepillarse los dientes, de ir al colegio, a trabajar, de lavar la ropa o preparase desayuno, etc. Sin embargo, aunque puede que no tenga ganas de hacer muchas cosas sabe que debe hacerlas… hay un sopesar imaginario que nos pone en aprietos al suponer las consecuencias. ¿Pasa eso con tu vida espiritual? ¿Qué pasa si pones en la balanza de un lado: ir a la iglesia, recibir la enseñanza de la Palabra, compartir con tus hermanos, servirles, ser edificado y del otro lado: no tengo ganas? ¿No es esto acaso pereza que debo confesar como pecado? ¿No me estoy idolatrando al hacer lo que complace mi carne?

En lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor. Romanos 12:11

Y qué diremos de otras tantas “razones-excusas” para no ir a la casa de Dios:  – “No tengo como viajar”, quizás nos sorprenda saber como viajan algunas personas que viven en la selva o en la puna, en canoas o en mula, durante varias horas, para llegar a recibir la Palabra. – ¿Y qué de los que por entretenimiento dejan de lado el culto a Dios? Una salida al parque, un partido de fútbol, un evento esperado, etc. nos humillaría ver como muchos que son perseguidos por su fe en algunos países se esfuerzan por congregarse, exponiéndose aún hasta la muerte por causa de fidelidad a Dios. ¿Será necesario una persecusión para comprender el valor de reunirse en el nombre de Cristo?

Conclusión: Creo que estas reflexiones pueden ayudar, pero aún todas ellas carecen de valor si quien las lee y lucha con la fidelidad al congregarse no reflexiona sobre el tema principal del asunto: El evangelio. Congregarse tiene que ver con el evangelio. Cristo vino a salvar a su pueblo, y pagó el precio del rescate con su propia sangre. Muriendo y resucitando para nuestra justificación. El Señor nos ha llamado y nos ha separado para sí para que seamos un pueblo apartado, santo, unido, y que congregados en su nombre le demos alabanza y adoración.

No faltes al culto de tu iglesia, porque tienes visitas. Invítalos cortésmente al culto religioso. No faltes a estas reuniones religiosas por tener el hábito de leer por la noche el periódico. La Biblia que se lee en el púlpito, alimenta mejor el alma del creyente, que la prensa profana. No faltes porque piensas que no te echarán de menos en la iglesia, Dios que ve todo, se fijará en tu ausencia. No faltes porque tus amigos no van a dichas reuniones. Tienes compromiso con Dios y no con los hombres. No faltes porque te crees insignificante y no ejerces influencia en tu iglesia. Tu presencia en el culto, habla muy alto de ti, por indicar que cumples tus deberes religiosos. No faltes porque te figuras saber más que el ministro de tu iglesia. Por mucho que sepas, eso no es motivo para no servir a Dios. No faltes por creer que tu iglesia es muy imperfecta. Ciertamente las congregaciones religiosas están compuestas por creyentes que tienen sus faltas. Tú también las tienes: y, tal vez, oyendo los sermones te corrijas un poco. No faltes a los cultos: pues asistiendo a ellos, cumples con Dios. Tienes seis días para tus ocupaciones; reserva el séptimo para tu Creador.

Celebrarán los cielos tus maravillas, oh Jehová, Tu verdad también en la congregación de los santos. Salmo 89:5

Soli Deo Gloria